España y Cataluña han encontrado otro motivo de querella, que por la materia en pugna podría calificarse de nobilísima, casi lírica, pues se trata de la guarda y custodia de unas pinturas murales del siglo XIII, que el gobierno de Aragón reclama al gobierno de Cataluña. Ah, tiempos pretéritos en que ambas entidades eran una unidad bajo la autoridad de un mismo rey, nuestro inolvidable y querido Jaime o Jaume el Conquistador o Conqueridor, allá por la época en que se pintaron los murales en disputa.

Las pinturas murales del monasterio de Santa María de Sijena, en la localidad del mismo nombre en la provincia de Huesca, fueron trasladadas durante la guerra civil a lugar seguro para evitar daños y quedaron alojadas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, donde han permanecido hasta que un juez ha dictaminado a demanda aragonesa su retorno al lugar de origen. El traslado comporta ciertos riesgos para la integridad de las pinturas que los conservadores catalanes no quieren asumir y en esas está la cosa: los expertos en arte de ambos bandos vigilándose mutuamente como exploradores de dos ejércitos que han de tomar la misma cota. El chiste de esta situación bélica radica en que los murales de Sijena no podrán competir con Disneylandia como atracción turística y tampoco sirven como rasgo identitario de una región porque el arte románico representa a toda Europa. La batalla es, pues, un episodio más de esa broma tétrica que llamamos guerra cultural y con ella se cierra el curso político. Entretanto, los ejércitos se acuartelan para la campaña que se reiniciará en otoño.

Don Sánchez ha recordado a los suyos mediante indicadores macroeconómicos las victorias conseguidas, ha repartido ciertas recompensas al electorado en forma de prolongación del permiso parental (nada descasa más a la tropa que unos días en familia) y ha recordado que la guerra continúa, librará la batalla de los presupuestos y luego ya veremos hasta la vitoria electoral de 2027 y más allá.  El mensaje napoleónico a los suyos no ha cambiado desde que tomó el mando: creed en mí y os llevaré a la gloria; no hacen falta más explicaciones.

A su turno, don Feijóo ha visto sin poder ocultar su estupor que el correcaminos ha salido vivo -otra vez y van…- de la última trampa del coyote y ha dispuesto a su partido en formación de falange macedónica para afrontar la campaña de otoño, cuando el terreno se embarra. Incluso ha enriquecido el torturado lenguaje político español con un verbo de su coleto que debe definir el estado de tensión en que pasarán el asueto estival los esforzados militantes y cuadros del pepé. Hay que electorizar al partido, es la consigna. Don Feijóo es un tipo que viene demostrando que actúa siempre por aproximación y electorizar debió parecerle pertinente por contigüidad fónica con electrizar. Así que ya lo saben: si quieren ganar a don Sánchez en otoño tendrán que pasar el verano con los dedos metidos en los ojos de un enchufe.

Para dar ejemplo, el líder inmarcesible, que no consigue explicarse por qué don Sánchez no convoca elecciones, se ha impuesto para septiembre una tarea ciclópea y de inimaginable trascendencia. En la cubierta del yate donde pase las vacaciones, esté quien esté al timón y quién le aplique la crema solar en la espalda, confeccionará una lista de leyes sanchistas, que derogará cuando la inevitable confluencia de electores y fuerzas parlamentarias comprendan que él debe ser el presidente del gobierno. Dejado de lado el gusto de las derechas por gobernar con listas negras (y secretas, porque no ha dicho qué leyes formarán la lista de las condenadas), en septiembre no habrá elecciones, así que más le vale dejar la lista abierta a futuras inclusiones.

Un rasgo interesante del momento político es que don Sánchez y don Feijóo comparten la misma piedra en el zapato: la derecha indepedentista catalana. Es posible, si no probable, que la legislatura quiebre por ese punto. Los seguidores del caudillo carlista don Puigdemont ya han avisado a don Sánchez que no van a hacerle ningún favor, entre otras razones obvias  porque su proyecto socioeconómico y su base social son antagonistas a las del gobierno y en Cataluña no es posible una cohabitación de nacionalistas de derecha y socialistas como en Euskadi, donde el problema de la hacienda fiscal está resuelto y es irreversible.

Pepé y junts ya han establecido algunos hilos de contacto pero queda tarea para que los independentistas de derecha sean funcionales al objetivo de la derecha española. En su discurso de estío, don Feijóo ha abonado el terreno con gran derroche de retórica sobre crecer juntos en la diversidad; eso sí, sin cupo separatista y con el mismo pasaporte todos, como en los buenos tiempos de Jaime ¿o era Jaume? el Conquistador ¿o era el Conqueridor? Entretanto, los murales de Sijena siguen su destino como apetitoso botín de guerra.

P.S. La historia baila con las evidencias y cierto experto en arte afirma que las cabezas y rostros de figuras románicas de monasterios catalanes (antes, reino de Aragón) inspiraron a Picasso en lo que hasta ahora se creía que era arte africano, lo que desmontaría la interpretación más divulgada sobre las caras de Las señoritas de Avignon. Vamos a ver, si los rostros de estas desenvueltas damas del cuadro no eran máscaras africanas, ¿eran catalanas o eran aragonesas?, ¿de la virgen del Pilar o de la virgen de Montserrat? He aquí un importante asunto que no ha mencionado don Feijóo en su arenga a la tropa.