Europa ha construido un espacio de bienestar en el que sus ciudadanos no parecen querer oír de mayores compromisos. La fortaleza de la unioneuropea que ahora demandan, al parecer unánimemente, está condicionada por la posición de cada país en el tablero y la percepción de las opiniones públicas nacionales sobre esta posición.
La realidad y el deseo
El mismo día en que Europa anuncia un plan de transferencias y préstamos para los países de la ué ocurre un suceso que nada tiene que ver con el duque de Ahumada ni con el ‘frap’ y otras amenidades marginales del reñidero patrio. Nissan anuncia el irrevocable cierre de su planta de Barcelona.
Deuda perpetua
Es curioso el destino de este territorio, apenas el rabo del gran continente asiático, que desde la edad moderna ha provocado más guerras internas y externas y creado más cultura y riqueza que todos los pueblos de esta pelota de tierra en la que pasamos los días, y que ahora se ha replegado sobre sí misma y ha puesto al mando a la abuelita, alemana por supuesto, a la que cariñosamente llamamos el ‘ama de casa suaba’.
Europa estilosa
Europa se parece cada vez más a un parque temático llamado Europa, endogámico y previsible, y enamorado de sí mismo. Hay en esta actitud ensimismada y pasiva, que impregna las instituciones comunitarias, un sesgo suicida del que se nutre la extrema derecha.
El tentetieso
El tentetieso ha sobrevivido a los zarandeos y, sobre todo, ha mantenido el equilibrio por el que reconocemos a la ‘unioneuropea’: predominio alemán, presencia francesa y política exterior a cargo de un tercer país de circunstancias.