En medio de la bronca que ha provocado nuestra adorable doña Cayetana en su partido, y preguntada si piensa renunciar al escaño de diputada, ha respondido que no, claro, pero lo singular y admirable es la razón que ha dado: porque sería vulgar, ha dicho. Ya lo ven. Tenemos una democracia cutre, de plebeyos, en la que se censura al disidente que se aferra al escaño que le ha proporcionado el partido, y resulta que ese comportamiento es precisamente aristocrático.
Estampas goyescas
La derecha española está en busca de un estilo, y resulta apropiado que un retrato de Goya presida la deliberación. En la república independiente de Madrid se trata de saber a quién le sienta mejor el traje de chulapo o chulapa, y nadie lo ha llevado con más donaire que doña Aguirre, la cual está acompañada en el empeño por doña Cayetana, marquesa de Casafuerte.
La guerra cultural
En todos los países europeos se registran movimientos de revisionismo profascista pero están fuera del consenso democrático; aquí envuelven, alimentan e inspiran al primer partido de la oposición. ‘Si te llaman fascista es que lo estás haciendo bien y estás en el lado bueno de la historia’, como dijo la estrella política ascendente y presidenta de Madrid,
El tigre siberiano
La Red ha creado un nuevo tipo de marginado. Los llamados ‘influencers’ son los tigres siberianos del parque de atracciones global a los que las abultadas estadísticas de visitas y ‘likes’ no sacan de su irremediable soledad. Si doña Cayetana no estuviera tan enamorada de sí misma, debería darse cuenta de su aciaga condición.
Friquis
Doña Cayetana aspira a que su partido apoye, o en su caso se ponga de perfil, ante la perorata atronadora que le espera a don Sánchez, y que sin duda subrayará en su intervención el portavoz del pepé. Así que la conclusión cae por su peso: si estamos de acuerdo en todo, no vamos a negarnos a nosotros mismos con un no a la moción ‘voxiana’.