Siete consejeros han firmado un voto particular en el que, sin base objetiva alguna, se infiere que la nueva fiscal no será independiente respecto al poder ejecutivo que le ha nombrado, como si los mismos honorables jueces firmantes del voto particular estuvieran en ese sitial por designación divina o porque les ha tocado en la lotería y no porque han sido agraciados por una designación política.
Idoneidad
La designación de doña Delgado como fiscal general ha inaugurado la nueva temporada, post investidura, de las aventuras que le esperan a don Sánchez y a sus aliados de gobierno. En el nombramiento, la izquierda ha tenido que elegir entre la utilidad y la estética y ha elegido lo primero. Es lo que hacemos todos cuando arrecia el mal tiempo: chubasquero, gorro de lluvia y botas altas de goma. Nada elegante.
Gerifaltes de antaño
Un ciudadano de principios del siglo XXI puede preguntarse a quién le interesa lo que opine el pretendiente carlista al trono del reino de España. Pues bien, quien esto escribe, como Valle-Inclán, padece una fastidiosa querencia por el carlismo, sus andanzas e industrias.
El papa doble
Ninguna ficción cinematográfica puede competir con la fábrica de sueños que es la iglesia católica y su plató principal, la curia vaticana y sus inaccesibles enredos y mangoneos. Lo que sí sabemos es que, a pesar de la pátina de buen rollo de esta película propagandística, Benedicto y Francisco siguen siendo antagonistas y sus diferencias han saltado a la luz ‘por do más pecado había’: por la inevitable entrepierna.
Melena al viento
Doña Ayuso es una dama intrépida y disparatada, a la que espera un largo futuro en esta sección de la industria del entretenimiento que es la política. Ahora ha comparecido en el febril horno arábigo, suelta la melena y los antebrazos desnudos, en los actos de la final de la supercopa de fútbol español que se celebra en el país árabe.
Gobiernos y galimatías
Un gobierno nuevo es un palimpsesto indescifrable; una tablilla con signos borrosos para cuya lectura nos falta una ‘piedra rosetta’. De eso va la democracia: votas con un propósito y de la urna sale algo irreconocible, aunque tu papeleta haya resultado ganadora.