Cada vez que el confinado se calza los guantes de látex y se emboza en la mascarilla para ir a comprar el pan tiene la sensación de atraer hacia sí a todos los virus de la peste, como el granjero que sale de la casa hacia el corral y convoca a las gallinas, titas, titas, que salen de su somnolencia y corretean tras él en busca del pienso.
Lucifer
La peste ha constreñido el margen operacional de la oposición, y donde pudo haber argumentos ahora hay jaculatorias y exorcismos. Eso explica la estrategia de la cruzada emprendida por la derecha contra el gobierno, consistente en intentar la separación de don Sánchez y don Iglesias, lo que haría cualquier cura en circunstancia parecida: separar al descarriado del diablo que le tiene en sus garras.
La historia de don Merlos
En las representaciones pictóricas de la peste se advierte la desaparición de las líneas que separan lo público de lo privado y los escalones de la jerarquía social. La peste es la promiscuidad de la vida y la muerte y el aplanamiento de todos los valores, en el que la honra de la guardia civil se cruza con una fantasía erótica y un chiste de cuernos. Lo que ha representado don Merlos y su furtiva ‘liaison’ es una historia de la peste en clave zarzuelera.
Idiotismo
El confinamiento y las mutaciones que acarrea en los hábitos de los bípedos implumes fomentan una nueva forma de idiotismo vírico que se transmite por las redes sociales, en las que ha aumentado exponencialmente el número de mensajes inanes, extravagantes y/o malintencionados.
El dispensador de matarratas
¿Cómo convencer a un tipo con semejante ego de que es un completo y muy peligroso idiota? La dificultad del empeño es tanto mayor porque ha conseguido reunir toda la estupidez del país para auparle al cargo que ocupa.
Deuda perpetua
Es curioso el destino de este territorio, apenas el rabo del gran continente asiático, que desde la edad moderna ha provocado más guerras internas y externas y creado más cultura y riqueza que todos los pueblos de esta pelota de tierra en la que pasamos los días, y que ahora se ha replegado sobre sí misma y ha puesto al mando a la abuelita, alemana por supuesto, a la que cariñosamente llamamos el ‘ama de casa suaba’.