Los convocados entran por un hueco abierto en el muro de ladrillo amarillo, de ordinario clausurado por una carcelaria puerta de hierro, y enfilan en silencio, a distancia reglamentaria entre uno y otro, un laberinto muy bien señalizado y vigilado de corredores hasta la celdilla donde ocurre lo que tiene que ocurrir.
Para libertad, la de entonces
Los síntomas de la libertad que pregona doña Ayuso ya los disfrutamos en nuestra remota juventud, hace unos cincuenta o sesenta años. Madrugábamos de buena mañana para ir al tajo o al taller y los más pudientes al colegio de curas o a la gélida aula de la universidad, y cuando terminaba la jornada nos reuníamospara tomar una caña en el bar. Eran buenos tiempos aquellos.
Balas para todos
Ya sea por emulación, réplica, contagio, estrés o meras ganas de participar en esta competición macabra, el envío de amenazas de muerte a candidatos electorales, y otros, como el ex presidente Zapatero, se ha convertido en un síntoma inquietante del estado de ánimo de la sociedad.
Radiografía del fantasma
Hay dos probables enseñanzas. La primera, que si el parlamento europeo es una representación de la Unión no ha de extrañarnos que broten como setas los populismos nacionalistas, que no solo son catalanes. La segunda, que un puñado de chicos y chicas listos y listas de clase media se lo han pasado en grande haciéndonos creer que hacían algo de provecho.
‘Savatares’
El filósofo (¿?) Fernando Savater va votar a doña Ayuso en la batalla de Madrid. Toma ya. Precisamente ahora es cuando hay que dar un paso adelante –otro más, y van…- y demostrar con quién se está. Ahora, cuando hay riesgo, no sé si cierto, de que la progresía y los estercoleros multiculturales se movilicen ante las urnas y nos amarguen la fiesta.