Los podemitas no asistirán al acto del papa de Roma en el congreso de los diputados. El argumento dado es esotérico y pomposo, como una epístola a los tesalonicenses: la Cámara en la que reside la soberanía popular de un Estado aconfesional como es el nuestro no debería dar cabida al que es el máximo dirigente de la Iglesia católica, anuncian. Marcando terreno; encerrándose  a sí mismos entre los muros de un remoto cenobio so pretexto de modernidad y progresía.

El portavoz del anuncio ha sido don Pablo Fernández, un tipo de luengas guedejas de oro sobre los hombros y el pecho, que le hace parecer un excedente del casting de Jesucristo Superstar. Sin duda, él mismo no es consciente de la extrañeza que su apariencia provoca, aunque quizá lo haga aposta. Hay gente en el mundo del espectáculo que alimenta a sus incondicionales contrariando al público, como Godard o Lars von Trier. Pero yendo al grano de lo que interesa, sería la visita del papa la primera vez que la izquierda española elude el arrimo de la iglesia católica en caso de necesidad histórica. Que se lo pregunten a Santiago Carrillo, al padre Llanos y al cardenal Tarancón.

Robert  Francis Prevost es el primer líder mundial reconocido que ha levantado la voz contra el arma más aterradora en manos de las élites económicas y políticas del mundo. El empoderamiento, por utilizar esa palabra de moda, ya no consiste, o no consiste solo, en conquistar la tierra que retiene el terrateniente ni en conseguir la jornada laboral de ocho horas sino en conservar el espacio vital y el aire compartido para que los seres humanos no nos convirtamos en un meme desde el nacimiento a la tumba, material desechable después de que ha sido transformado en una efímera nube de datos para engordar la realidad, la única tangible, de los plutócratas. No se trata de estados soberanos, confesionales o no, ni de ir a misa los domingos, se trata de que la izquierda recupere la visión planetaria que tuvo en origen después de décadas de particularismos identitarios y pereza doctrinal.

Algún día, si la famosa IA lo permite y la historia no se ha convertido en pulpa digital, se relatará la extraña aventura podemita, desde su explosiva aparición como gran esperanza popular hasta su estado actual de tropilla de friquis bajo una carpa de circo. La decepción fue temprana pero era tal la cantidad de inteligencia reunida en aquel grupo y tan fuerte el viento que hinchaba las velas que resultaba impensable que no enmendara el rumbo y mantuviera un suelo sólido entre los vaivenes de la época. Hoy es un pecio solo reconocible por los viejos, pilotado por doña Ione Belarra, ensimismada también en un mundo imaginario.

Doña Belarra es nativa de esta remota provincia subpirenaica y sus compatriotas no podemos evitar cierta ternura por ella porque se parece a nuestra tía o a nuestra prima, monjas en tierra de misiones, de las que la provincia ha sido pródiga. A cualquier lugar del mundo que vayas encontrarás una monja navarra, se dice por aquí. La misma rebelión ante la injusticia, el mismo amor por la humanidad, la misma tenacidad y resolución, el mismo sentido del deber, el mismo fanatismo, la misma mengua de ideas. Las monjas ya son historia y doña Belarra está al borde de serlo.

Preguntado google por el dicho popular, responde, marisabidillo: El refrán popular está respaldado por los datos: Navarra es una de las regiones que más misioneros y religiosos ha aportado al mundo en proporción a su población. En la actualidad, la diócesis cuenta con 428 misioneros repartidos por 57 países de América, África, Asia y Europa. Más del 60 % de estos religiosos son mujeres, lo que confirma que las monjas navarras están presentes en los cinco continentes. En la respuesta falta doña Belarra, pero ya la incorporará la IA generativa, la misma contra la que previene el papa de Roma al que doña Belarra y los suyos desautorizan porque vivimos en un estado aconfesional. Lo que yo te diga.