La historia pudo empezar cuando una fragata de guerra francesa surta en aguas cercanas a la costa de África Occidental disparaba ciegamente contra la selva cuya oscura silueta se dibujaba en el horizonte bajo una neblina ecuatorial que desdibujaba los volúmenes y los detalles del paisaje. Lo cuenta Joseph Conrad en su famosa novela El corazón de las tinieblas (1899), quizá la mejor disección literaria hecha nunca del colonialismo europeo. El colonialismo es una combinación de codicia y de miedo. Codicia para apropiarse de recursos que no son del colonizador y miedo a la reacción del colonizado. El colonizador está en una situación material y moral injustificable y para salir de ella debe proveerse de una fuerza militar superior a la del colonizado y un discurso que pinte a este como una amenaza.

Los últimos disparos a la oscuridad en este continuum histórico los ha realizado esta semana míster Trump al bombardear las instalaciones nucleares de Irán dizque para defender el último proyecto de colonialismo occidental en tierras oscuras: el estado de Israel. Es la segunda vez en poco más de veinte años que un presidente de los estadosunidos emprende una guerra postcolonial en la misma zona del mundo con un pretexto falso. En 2003 fue contra Irak para inutilizar unas armas de destrucción masiva, que no existían; ahora es contra Irán, para evitar la construcción de una bomba atómica de la que no hay noticia. En ambos casos, el falso pretexto estaba desenmascarado por autoridades internacionales competentes pero no evitó el ataque. El resultado fue entonces, y ahora es, el caos en la región, y la consecuente necesidad de los imperialistas y colonizadores de mantenerse alerta y dispuestos a repetir las operaciones punitivas con más ferocidad si cabe.

Los occidentales asistimos a estas guerras provocadas por nuestros gobiernos protegidos por la antipatía instintiva que nos provocan los países atacados. Poblaciones abigarradas como hormigueros donde las mujeres van por la calle como si no existieran; regímenes opacos, entre dictaduras militares y teocracias opresivas y mesiánicas, en ocasiones exportadoras de un terrorismo que ha ocasionado atentados atroces y de memoria indeleble en Nueva York, Madrid o Londres (en los dos últimos casos, después de que España y Reino Unido participaran en la ilegal guerra de agresión contra Irak). Si al menos fueran como nosotros… Míster Trump ya ha insinuado que el ataque predicado como preventivo ante una amenaza nuclear de Irán debería servir para cambiar el régimen iraní. Fue el mismo propósito musitado en la guerra de Afganistán. Lo que empezó siendo una operación de represalia contra los autores de los atentados del 11S se prolongó en una ocupación del país durante veinte años al cabo de los cuales los ejércitos ocupantes escaparon con el rabo entre las piernas y los talibanes quedaron de nuevo dueños del territorio.

¿Cómo piensa míster Trump cambiar el régimen de Teherán si ese intento ha resultado fallido en innumerables circunstancias diferentes en Libia, Irak, Afganistán, Siria, etcétera? Es posible, como repiten algunas opiniones, que el régimen islámico iraní atraviese un momento de debilidad pero podemos apostar a que la mejor alternativa posible sería en su caso un gobierno oligárquico, prooccidental, corrupto y finalmente fallido, como ha ocurrido en otros países de la región sometidos a la presión de las armas de occidente. Mohamed Reza Palhevi, hijo del sha de Persia, aquel tipo que fue epítome de gobierno oligárquico, prooccidental, corrupto y finalmente fallido, ya se ha postulado para la misión.

La brecha entre el occidente judeocristiano y el oriente musulmán viene desde las cruzadas y el enfrentamiento está alimentado por la teología. Es la herencia del dios caníbal que ordenó al patriarca Abraham que degollara a su hijo, que para los seguidores de la Biblia es Isaac y para los lectores del Corán, Ismael, y ambos se disputan el laurel de víctima ungida. El punto de fricción está donde estuvo desde el principio, en el lugar que aún llamamos Tierra Santa; el lugar donde se atascó la Ilustración. El único signo de progreso que ha registrado esta zona del planeta es el que va de la espada y la catapulta al avión B2 y las bombas GBU57 que participaron en la operación Martillo de Medianoche. El título, eso sí, parece sacado de un cuento de Sherezade.