Los viejos solo encontramos novedades en el pasado; todo lo que ocurre ahora nos parece visto y repetitivo, y en cuanto al futuro, queda para Greta Thunberg. El escribidor ha conocido esta mañana a Basiri, un joven nacionalista saharaui que fue asesinado por los españoles en 1970. Basiri fue fundador de la primera organización independentista saharaui, precedente del frentepolisario. Su objetivo político era extraordinariamente moderado. En una carta abierta al gobierno español se inquietaba porque este pudiera entregar el territorio del Sáhara a Marruecos, Mauritania o Argelia y le pedía que no lo abandonara y en su día y de común acuerdo, se nos conceda el regirnos por nosotros mismos, de una forma escalonada.  Ya sabemos el caso que el gobierno español le hizo.

La organización de Basiri convocó una manifestación que resultó masiva y que la policía local no pudo disolver, así que el gobierno español envió a la legión (la misma a la que el alcalde don Almeida quiere homenajear con una colosal estatua plantada en el centro de Madrid) que acabó con los manifestantes de la manera prevista. Basiri fue detenido, molido a hostias, sacado después de la celda y desaparecido. Toda la inteligencia que el espionaje español (el ceenei de la época, para que se entienda) no supo emplear para conservar como aliado al incipiente movimiento saharaui la empleó después para sembrar los archivos de documentos falsos destinados a hacer creer a futuros historiadores que Basiri desapareció en Marruecos. A cualquiera se le alcanza que el monumental lío que España tiene montado ahora mismo en el Magreb está relacionado con las cenizas perdidas de Basiri, que, por cierto, compartió militancia en la misma organización con Brahim Gali, el líder del Polisario que, este sí, está en la causa inmediata del ajedrez magrebí.

It’s very difficult todo esto, que diría el otro, pero podemos apostar a que tiene su origen en la reconquista, ese mito fundacional de ssspaña que gestiona la ultraderecha a su beneficio, y que tenía como curioso grito de guerra aquello de santiago y cierra españa. Y, en efecto, después de la expulsión de Boabdil de Granada, los  reconquistadores cancelaron, como se dice ahora, ochos siglos de presencia árabe en la península. Es un hábito nacional pasar de una época a otra dando un portazo en las narices del pasado. Aún lo hace el pepé ante cada episodio de su corrupción crónica: eso es el pasado y ahora vamos a hablar del futuro. Es lo que debieron pensar los tipos que enterraron los restos de Basiri bajo una duna del desierto.

En el siglo XIX España se sumó a la inquietud colonialista europea en África, con una desventaja capital respecto a sus competidores, que eran imperios en auge mientras España lo era en decadencia, y se gestiona mal un imperio desde una metrópoli destartalada. Las primeras revueltas populares del primer tercio del siglo XX tienen que ver con levas de recluta para el ejército de África; las derrotas militares y los escándalos de corrupción tuvieron lugar y causa al otro lado del estrecho y, por último, de África vinieron los salvajes militares africanistas dispuestos a reconquistar otra vez España. Franco se pavoneaba con su guardia mora del mismo modo que otros colonialistas tapizan el salón de su casa con máscaras bantúes y cabezas de rinoceronte. Y de esta guisa llegamos al asesinato de Basiri, a la entrega vergonzante del Sáhara Occidental a Marruecos y al vehemente deseo de los españoles de dejar atrás la pesadilla africana y ser europeos.

Esta última apuesta nos ha salido bien, por el momento. En apenas un año, Bruselas ha rescatado dos veces a España en sus pejigueras africanas. En mayo del año pasado la unioneuropea recordó a Marruecos que la frontera de Ceuta era una frontera europea ante la invasión de migrantes  empujada por Rabat en represalia a la atención médica que recibió en Logroño el líder saharaui Brahim Gali, correligionario de Basiri. Y este mismo mes, la ha recordado a Argel que no puede suspender el tráfico comercial con España porque este forma parte de un acuerdo con Europa. Si queremos añadir un poquito de complejidad al lío diremos que Marruecos y Argelia son dos potencias regionales enfrentadas; la primera, aliada privilegiada de Estados Unidos y la segunda, con una larga amistad histórica con Rusia. Continuará.