El volcán duerme, o ha entrado en un estado de sopor propio de quien se ha aliviado de los agobios del vientre y tiene intrigado al enjambre de geólogos y vulcanólogos que se ocupan de su salud. ¿Han reparado en la cantidad de ólogos que han irrumpido en el escenario en estos tiempos de mutaciones y zozobra? Vulcanólogos, hidrólogos, epidemiólogos, polítólogos. El logos, desde la Grecia antigua, señala a las profundidades del mundo real. ¿Qué pasa en las entrañas del volcán? ¿Qué amenaza trae la variante ómicron? ¿Qué nos depara la pugna de don Casado y doña Ayuso?

Entretanto, aprovechemos el reposo del volcán de Cumbre Vieja y paladeemos la misteriosa eufonía del topónimo, el estrato del lenguaje donde reposan los vestigios fósiles de lo que somos, a menudo toscamente cubiertos por la grasa de la denominación oficial. Valle de los Caídos donde debería decir Cuelgamuros. Entre las dos denominaciones está el tránsito que separa la inocencia de la impostura. En los setenta, el escribidor vivió una temporada en el barrio madrileño de Saconia, pero un amigo castizo le dijo que aquel lugar al que llamaban Ciudad de los Poetas,  era el barranco de Quemaburros. No he podido verificar este recuerdo. Si busco quemaburros-madrid en la red, recibo respuestas como ¿de dónde viene el olor a quemado en Madrid? entre otras aún más improbables. Así que buscas un paisaje de la memoria y encuentras a doña Ayuso o a quien sea pegándole fuego.

Por fortuna, podemos estar seguros de que se recuperarán todos los sabores y aromas de la lengua de Cervantes porque ya ha empezado la reconquista. En Madrid, está al cargo de la operación don Tony Cantó y en Cataluña, el tribunal supremo ya ha recuperado un veinticinco por ciento del territorio lingüístico. Con esta cuarta parte del léxico y de la gramática se apaña el líder de la oposición para interpelar al gobierno porque cuando topa con un hueco en sus razonamientos lo rellena con un taco. Las palabrotas estaban prohibidas y penadas con multa en lugares públicos y sitios de respeto cuando íbamos a la escuela y los geólogos y politólogos no salían en la tele. Pero no hay riesgo de que el lenguaje de don Casado llegue al grado de estridencia del doblaje de la película El amor en su lugar, de Rodrigo Cortés, en la que se oye decir ¡hostia puta! a una judía confinada en el gueto de Varsovia en 1942. Crean que este anacronismo verbal quedó en la memoria del espectador por encima de otras sensaciones que ofrece esta notable película, envolvente y magnética. Así que, cuidado con los tacos.

Tranquilicémonos. El volcán parece dormido, las aguas se retiran de las ciudades hacia sus cauces naturales y niños y niñas se vacunan para frenar, con suerte, la pandemia. Aprovechemos la tregua de la naturaleza para no hacer más bobadas que las necesarias. Es un propósito para el año nuevo.