La remota provincia subpirenaica ya se ha hecho oír en la crisis de Ceuta con una propuesta irrebatible: reconquistar Marruecos y bombardear Rabat, si es necesario. Lo ha dejado estampado en su cuenta de x el cura párroco de la iglesia de San Juan Evangelista de Huarte, una localidad de ocho mil habitantes cercana a la capital. El cura trabucaire es un genotipo de este territorio y puede volver a la realidad al menor estímulo, como se veía en Parque Jurásico.
Y hablando de dinosaurios, el inflamado clérigo autor de la proclama, don Javier Aizpún y Bobadilla, es también canónigo de la catedral metropolitana, vicario episcopal para asuntos económicos y de patrimonio eclesiástico y directivo de una mutua de seguros de la que era presidente honorario el cardenal don Antonio María Rouco Varela, y pertenece por apellido a una familia de acreditada raigambre católico-fuerista. Es nieto de don Rafael Aizpún Santafé, ministro de justicia de la República en el gobierno de las derechas entre 1934 y 1935, puesto desde el que restauró la pena de muerte antes de sumarse a los militares sublevados en 1936, e hijo de don Jesús Aizpún Tuero, fundador de unión del pueblo navarro (1979), que ha gobernado la remota provincia durante veintitrés años desde la restauración democrática del 78. La deuda que la historia y la sociedad de la provincia subpirenaica tiene contraída con la familia Aizpún está fuera de duda y todo indica que el último vástago del linaje, que por razones canónicas obvias no podrá legarlo a un hijo de su sangre, ha querido estar a la altura de sus ancestros declarando la guerra al rey de Marruecos. Qué menos.
El cura don Aizpún está horrorizado por los ceutíes encerrados en sus casas asediados por una multitud de cuarenta mil moros enloquecidos dispuestos a todo e invoca a Nuestra Señora de África, patrona de Ceuta, para que bendiga la expulsión de los árabes que han ocupado la Mauritania Tingitana y los devuelva a la Península Arábiga, de donde nunca debieron salir y terminemos así lo que no hizo nuestra reina reina Isabel la Católica, que se limitó a echarlos de Granada.
El plan del preste, elaborado en el tiempo libre que extrae de sus múltiples obligaciones pastorales y de tesorería episcopal, tiene cierta complejidad porque ya supone que España no quiere defenderse, así que describe una astuta trampa estratégica consistente en organizar una marcha verde en la Península contra Gibraltar y cuando los ingleses disparen contra los marchistas, porque los ingleses sí que dispararán, los españoles deben abrir fuego masivo contra los invasores de Ceuta y bombardear Rabat, si es necesario, y que nos expliquen por qué los ingleses pueden disparar para defender Gibraltar y España no puede hacerlo para defender Ceuta. Problema zanjado, afirma el cura.
Podemos creer que este delirio es resultado de un brote psicótico y preguntarnos por qué las personas que tienen a su cargo responsabilidades públicas –gobernantes, profesores, jueces, clérigos, etcétera- no tienen vetado por ley el uso de las redes sociales y sus deposiciones en esta ciénaga no están penalizadas con la inhabilitación o la cárcel. Pero, ay, el diagnóstico no es acertado y la medida preventiva es, como sabemos, imposible.
Si leemos el mensaje del cura, observamos que está urdido con tópicos ideológicos y basura argumental compartida por mucha gente y no está excluido que sus elecubraciones no reciban una torrentera de likes, ya sea por adhesión y simpatía o por mera afición al barullo. Las redes sociales han democratizado y hecho respetables la estupidez y la mala fe, y esta evidencia invalida la posibilidad de que sus contenidos tengan un uso racional y benéfico. Si el emperador de occidente utiliza las redes para amenazar y mentir a todos los habitantes del planeta, ¿quién puede impedir al cura de Huarte que deje sus cagaditas en este estercolero? El quid está en los receptores. Según la doctrina oficial asentada ahora mismo, los adolescentes que asaltaron la frontera de Ceuta fueron impulsados por mensajes en las redes. Aceptémoslo aunque no es creíble que no hubiera además una cierta organización logística y otros incentivos para una operación de semejantes dimensiones; pero no es probable que el cura de Huarte vaya a tener el mismo éxito con la incitación a sus feligreses para que emprendan la reconquista de Mauritania Tingitana.
Me he permitido —sin pedirte permiso, pero espero que con tu venia— recomendar la lectura de tu artículo en mi blog, EL OBSERVADOR SAHARAUI. Un abrazo.