Al fin una ruina de verdad, inerte, material, mensurable, a la que poder restaurar mediante una aplicación de voluntad y técnica. Al fin un vestigio del pasado que justifica el presente e impulsa el futuro. Así ha debido pensar monsieur Macron ante la catedral de París herida por el fuego. Por fin, una obra de estado, que le otorgará una mención de honor en la historia.
El incidente
La norma exige que el homenaje popular al difunto discurra en orden y silencio pero es inevitable algún incidente en el que un don nadie enfatiza su presencia en el duelo con algún gesto extemporáneo; de hecho, son estos tipos los que evitan que la ceremonia sea una fantasmagoría. El pueblo deja de ser una procesionaria de zombis y da muestras de alguna vitalidad, que suele tener un cariz ridículo.
Troles y trolas
Esta familia de bastardos, fruto de la globalización lingüística, ha alcanzado una repentina primacía en la comunicación de las sociedades así llamadas liberales y una determinante influencia en su agenda pública desde que se cree que con su ayuda se pueden ganar elecciones y el emperador de occidente ha resuelto que gobernar es dejar corretear troles y trolas por las redes sociales.
La víbora y el sopazas
La derecha es pródiga en víboras, hasta un punto de saturación que probablemente les ha hecho perder las elecciones, pero no el gusto por la intoxicación. Si don Sánchez, como parece, quiere seguir los pasos de su ancestro va a necesitar una víbora de buen tamaño a su lado para tener distraído al personal, a la derecha y a la izquierda.
Matad al padre
En los meses que han precedido a las elecciones del pasado domingo, la sombra del padre ha tenido un papel determinante sobre la deriva de los líderes de los primeros partidos. Los medios de comunicación sacaban a las momias de sus opulentos sarcófagos para que agitaran el espectáculo y los zombis aceptaban de inmediato la invitación.