Estamos en un tiempo en que demasiada gente desocupada en cosas de mayor provecho y enjundia se entretiene probándose máscaras y subiendo la foto a las redes sociales. Sin embargo, en alguna parte pasan cosas reales y los indepes catalanes han sido invitados al lugar donde eso ocurre. ¿Podríamos pedir a nuestra clase política que quemara sus máscaras en las hogueras de esta noche de Sant Joan?
Diálogo de besugos
Nada hay más tedioso que cualquier forma de diálogo, ya sea una cumbre de gobernantes o una tertulia de jubilados, pero su prestigio viene de lo que no hacen los dialogantes. Por los menos, no se están matando.
Memorias encontradas
La historia no es un relato lineal sino una sedimentación arqueológica de memorias encontradas, como advirtió Walter Benjamin. Este batiburrillo del recuerdo se nos ofrece en situaciones de incertidumbre como un mercado de las pulgas en la que cada cual elige tal o cual acontecimiento y le asigna el sentido y el uso que más le complace.
Carta de la mafia
El jubilado siente que tiene en la mano un documento histórico, un espejo cóncavo de un tiempo que ha dejado al país, en efecto, para la iteuve, y del que no sabemos cómo rodará en el futuro. Ninguna otra carta comercial había excitado tanto al vejete desde que intentó descifrar el recibo de la luz.
El paseíllo
Dos hombres avanzan por un corredor de alto techo y muros imponentes en el que vagan algunas siluetas, como espectros. No se sabe de dónde vienen ni a dónde van. El escenario mismo es equívoco: parece una arquitectura lineal pero en realidad es un segmento de una curva que busca su origen. Una espiral que empieza y termina en el mismo punto.
El rey y la vidente
Nunca sabes para qué sirve un rey pero, como diría un comercial de coches de segunda mano, tiene muchas prestaciones. Vale para un roto y para un descosido, dicho en romance. Ahora mismo, el vaivén de los días ha puesto a su majestad como valedor de republicanos. Los levantiscos y desafectos catalanes saldrán de la cárcel por la gracia real.