La fiscalía del supremo califica a don Juan Carlos I de comisionista internacional. Lo sabíamos todos pero el fiscal aportará además pruebas, que ya veremos dónde paran. Cada noticia del rey emérito agita el gallinero. Las tertulias hierven, las redes arden, los gobernantes tiemblan, la plebe se encoge de hombros.
El islam derrota, también, a Florentino
Verano aciago para la causa de los cruzados. No solo han sido expulsados de la plaza estratégica de Kabul (el Jerusalén del siglo veintiuno) sino que el emir de Qatar ha infligido un duro revés al orgullo de don Florentino Pérez, un eximio representante del juego limpio, que no ha podido rescatar de las garras del moro al esclavo de oro, el adorable Kylian Mbappé, para traerlo al ‘realmadrid’.
Hágase la luz
¿Se nos olvida algo? Ah, sí, el recibo de la luz, la factura de la energía que avanza como un tiburón blanco entre los bañistas, devora la frágiles conquistas salariales y vuelca la durmiente inflación, la tabla de surf sobre cuya planitud reposa una incierta esperanza de bienestar.
Inteligencia
La inteligencia es una cualidad de los seres vivos que se gusta mucho a sí misma y propende al ensimismamiento: cualquier cangrejo cree que es el más listo del océano. En resumen, los inteligentes somos nosotros. Una consecuencia de este bucle mental es cierta tendencia a despreciar al otro, amigo o enemigo. La inteligencia occidental está empapada de supremacismo.
Que le quiten el tapón
El ‘negacionismo’ se ha convertido en un motor ideológico potentísimo, el viento en las velas de la pujante extrema derecha, que, entre otros éxitos políticos, ayudó a ganar las elecciones a doña Ayuso en Madrid. Y de nada vale predicar que los negacionistas son una peligrosa horda de imbéciles malintencionados. El ‘negacionismo’ se tiñe de ‘libertarismo’ y deja de ser una pose incivil para convertirse en, cómo decirlo, un proyecto político.
Bombas para la despedida
Los dos atentados con bomba en el aeropuerto de Kabul, previstos e incluso anunciados, han amargado aún más las últimas horas de la coalición occidental en Afganistán y han espoleado, por si fuera necesario hacerlo, la voluntad de salir de aquel país a escape. En esta circunstancia, la amenaza de míster Biden a los autores suena penosamente a impotencia y fracaso.