Los invitados

Posted by on Jun 15, 2017 in Miradas |

Don Zapatero y don Rubalcaba asistirán este domingo al cónclave del pesoe que entronizará a Sánchez, al que ambos procuraron evitarle este momento de gloria, y no se sabe si acudirán para aplaudir o para ser aplaudidos, si para vigilar o para ser vigilados. Los dos invitados son responsables de los antecedentes de la crisis socialista que, se supone, Sánchez viene ahora a reparar por vehemente mandato de la militancia. El primero porque claudicó ante los cíclopes a los que llamamos mercados y puso en almoneda la soberanía financiera de la nación, y el segundo porque perdió la millonada de votos de la que luego quisieron hacer responsable a Sánchez para justificar su destierro. Nada hay más pegajoso que un ex de la política española; cuando crees que se han ido porque así lo han dicho con énfasis y un punto de fastidio en la despedida resulta que aún están ahí. En las democracias que imaginamos más avanzadas y menos familiares, los ex no tienen más patrimonio que lo que hicieron bajo su mandato, al que extraen algunas rentas adicionales a través de conferencias ante públicos selectos, libros de memorias, consejos de administración en los oligopolios, carguetes de representación en gaseosas instituciones supranacionales y otros ganapanes de mayor o menor enjundia. Pero, en general, no se les encuentra en los saraos de la familia ni es noticia su asistencia. Aquí, por alguna razón, ejercen una suerte de tutela vampírica sobre el partido hasta el punto de que la noticia suele ser que no estén. Dos ejemplos recientes que ocasionaron un desproporcionado ruido mediático: la ruptura de don Aznar con el pepé y la de don Corcuera con el pesoe. El primero es inolvidable pero ¿alguien se acuerda de quién fue don Corcuera? La intervención del nuevo portavoz del nuevo pesoe en el reciente debate de la moción de censura se atuvo al guión con una mortecina y obligada relación de las miserias del gobierno, que era la materia que los tenía reunidos, y una especie de cortejo de buen rollo con los promotores de la censura para justificar la abstención final; esto último ha sido lo más comentado pero la parte visiblemente emocionante para el orador y los diputados de su bancada fue cuando confesó lo que amaba a su partido, lo mucho que quería a todos sus miembros a pesar de las diferencias que se manifiestan en ocasiones ¡y tanto! Quienes ingresan en política lo hacen, en la mayoría de los casos, para seguir una carrera profesional y su comportamiento, como mínimo, debe ser el de un buen y leal empleado. ¿En qué momento la disciplina y el trabajo se derraman en una común efusión de afecto? En...

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Cuarenta años

Posted by on Jun 14, 2017 in Miradas | 1 comment

Mañana, 15 J,  se cumplen cuarenta años de las históricas elecciones para las cortes constituyentes que alumbrarían la democracia que ahora nos rige y, en consecuencia, el día en que el presente y el futuro empezaban a ser responsabilidad de la ciudadanía. Cuarenta años era un tópico cronológico de la época para aludir a la duración de la dictadura y era sinónimo de interminable. Y resulta que ahora han pasado otros cuarenta, lo que quiere decir que el joven de veintisiete años que vivió aquella jornada es el viejo que escribe estas líneas.  Aunque cueste creerlo, y nadie quiera confesarlo ahora, una porción mayoritaria de la población española  creía entonces por convicción o por conveniencia que la dictadura había sido un periodo pacífico y próspero y que cualquier cambio sería a peor. Esta es la razón de que ganara las elecciones un partido ad hoc formado por servidores del aparato franquista y por líderes de grupúsculos políticos de los grupos sociales beneficiarios de aquel régimen. Este gobierno pactó con la débil y fragmentada oposición acampada en los márgenes del sistema y el resultado quedó acuñado para los restos como la transición. El juicio sobre aquellos años y los que le sucedieron queda para el diagnóstico de los historiadores, pero, si me piden la opinión, diría que  no fue un mal resultado, amén de que tampoco creo que pudiera haber sido de otro modo en las circunstancias del momento, con la cultura política del país y con los agentes políticos y extrapolíticos que operaban en la escena. Dos, al menos, de los rasgos de aquella época permanecen intactos, como se ha visto en la reciente ceremonia de la moción de censura. El primero es una derecha que considera el poder como un patrimonio y a la que tanto la estructura económica del país como el andamiaje institucional ayudan a mantenerse cohesionada y fuerte, incluso en momentos, como el de hace cuarenta años o el de ahora mismo, que a un observador externo le podrían parecer el preludio de un desastre. El segundo rasgo es la división de la izquierda, que no se consiguió remediar entonces y no se conseguirá ahora. Para que la izquierda sea una alternativa real han de darse al menos dos circunstancias: a) un accidente externo que ocasione la implosión del partido del gobierno y ya se ve que la metástasis de la corrupción no es causa suficiente (hace cuarenta años fue un golpe militar y la demolición de la llamada ucedé llevada a cabo desde el interior del partido) y b) que una de las fuerzas de izquierda fagocite a la otra (en aquella época fue el pesoe el que se tragó al partido comunista, y,...

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El espectador

Posted by on Jun 13, 2017 in Miradas |

Aquí hemos estado todo el día frente al televisor, como un conejo deslumbrado ante los focos nocturnos de un automóvil. Me digo, y me dicen algunos buenos lectores de esta bitácora, que debiera alejarme de la política  para explorar otros ámbitos, quizás menos obvios y más placenteros,  susceptibles de ser comentados. Lo intento pero, cuando se ha disipado la esperanza, queda la adicción. He aquí un viejo en un vertiginoso tiempo de cambio, otra transición, para decirlo con un tópico, de la que la gente de su generación, que vivió la primera, no llegará a experimentar las consecuencias porque ya es demasiado tarde. Ante a la tele, el viejo creía sujetar las riendas del tiempo. La ruptura generacional que marca esta época política se ha manifestado nítidamente en el debate, que, cuando escribo estas líneas, se ha concentrado en un duelo entre los promotores de la moción, Montero e Iglesias, y el interpelado Rajoy. Una historia que declina y otra que nace cara a cara. Rajoy ha salido a la tribuna desde el primer turno de réplica, armado con discursos de contraataque preparados de antemano, en un gesto que algunos analistas juzgan sorpresivo pero que parece indicar una resolución torera –¡dejadme solo!- dictada por varios motivos entrelazados: la conciencia de la importancia del lance, la convicción de que sus novatos oponentes eran pan comido o la desconfianza hacia sus ministros, que han asistido al duelo sin intervenir. Rajoy funge de buen orador pero su retórica pretendidamente irónica, rancia, elusiva y desdeñosa, agresiva por último, no ha conseguido derruir ni a Montero ni a Iglesias, que sin duda le irritan y le inquietan. Ambos, cada uno a su turno y de acuerdo con los papeles que se habían repartido, han hecho discursos serios, sentidos, bien trabados y atenidos a su propósito de evidenciar la corrupción como el paradigma de la gobernanza del pepé. En muy notable medida, han sido muy didácticos. La longitud del discurso de Iglesias tenía sin duda el objetivo de demostrar que está en condiciones de ser lo que suele llamarse un hombre de estado y no un agitador de tuiter, y a fe que lo ha conseguido. Luego viene el trampantojo, como diría Rajoy en algún momento del debate. El espectador quiere creer que asiste a la realidad y lo que se le ofrece en una representación. El resultado final está predeterminado y la dialéctica que se gasta es una impostura -¡y qué esperabas, viejo!-. Rajoy se maneja mejor en este universo de estructuras rígidas y argumentos oportunistas pero queda por saber el efecto, más o menos duradero, que lo visto y oído haya podido sembrar en la opinión pública. De momento, voy a apagar la...

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El día de mañana

Posted by on Jun 12, 2017 in Miradas |

Trece y martes. Los voceros gubernamentales ya han adelantado algunas gracietas a propósito de la fecha, que ellos mismos han impuesto. El resultado aritmético de la moción de censura está descontado y lo que cuenta son los efectos políticos que tendrá el debate en el inmediato futuro. De los dos antecedentes de este tipo de iniciativa registrados, el primero sirvió en 1980 para entronizar a Felipe González como creíble candidato a la presidencia del gobierno y el segundo en 1987 hundió al promotor en busca de visibilidad -un tal Hernández Mancha del que nadie se acuerda excepto quizás porque ha aparecido recientemente en los papeles de panamá– y convenció a la derecha de que tenía que renovar la marca. El pepé salió de este fiasco. Así que Iglesias y podemos ya pueden contar con que se la juegan en alguna importante medida. La moción de censura es un instrumento parlamentario que el régimen constitucional español, diseñado para blindar al gobierno, hace inoperante en su objetivo principal –el cambio de gobierno- de manera que sus promotores deben esperar frutos de sus efectos colaterales. Iglesias ha demostrado ser un cabecilla guerrillero muy hábil en ataques relámpago, pero todavía no se ha medido en el asedio de una fortaleza, que tiene las almenas melladas pero está aún lejos de estar tomada, y en el empeño estará algo peor que solo, en compañía de los malos preferidos del establecimiento político, los independentistas vascos y catalanes. A Iglesias y a Montero les espera una jornada muy dura. El pepé hubiera preferido tomarse a broma la moción y los chistecillos segregados por sus portavoces en los días previos así parecía indicarlo, aunque también podrían ser muestras de nerviosismo, pero la corrupción en la que están enfangados y que va a ser la munición principal de los asediadores aconseja tomarse en serio el lance. La merdé provocada por la cerril y tabernaria estrategia adoptada por el pepé madrileño en la moción contra Cifuentes la semana pasada enseña a no repetir el espectáculo. En Madrid, la candidata y su propuesta de gobierno resultaron invisibles en la niebla de la bronca pero los autores de la moción no perdieron el envite. Si finalmente mañana participa en el debate Rajoy será porque cree que puede apuntillar dialécticamente a Iglesias y, como consecuencia, lanzar un mensaje de fortaleza y complicidad a ciudadanos y pesoe, dos fuerzas decisivas en cualquier fórmula de gobierno que mañana permanecerán inertes en el burladero a la espera de los réditos electorales que puedan salir de los jirones de piel que se dejen los contendientes. Iglesias va a contar con pocas simpatías en el hemiciclo. En realidad, va a estar solo ante el peligro, lo que...

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El despatarramiento

Posted by on Jun 11, 2017 in Miradas |

Primer día de piscina a cielo abierto en este verano precoz. El bañista sigue una rutina decantada de años anteriores. Después de ataviarse con el calzón de baño se sienta en un murete de cemento de unos treinta centímetros de altura que marca el límite del césped que rodea la pileta, sembrado de otros bañistas, y lee un libro que ha traído consigo mientras el sol le acaricia la espalda antes de darse un chapuzón. La primera distracción en la lectura le hace advertir que está despatarrado: los antebrazos se apoyan en los muslos y las rodillas están separadas. Tras un instante de confusión, levanta los brazos con el libro en las manos, alza y yergue el tronco y junta las rodillas. El resultado es una posición no solo rígida sino hierática, como la de las estatuas sedentes del antiguo Egipto. Y ahí está el bañista, como un estirado faraón contemplando a sus pies al pueblo que ocupa el césped del recinto, todos y todas despatarrados como corresponde a la circunstancia de tiempo y lugar. El despatarramiento se ha apoderado del magín del bañista, porque la lectura ha dejado de interesarle. Los hombres, se explica a sí misno, sabemos que nuestra forma habitual de sentarnos es con las rodillas separadas y, a pesar de que no se puede considerar una postura elegante, es para evitar que los muslos presionen desagradablemente sobre el aparato reproductor externo, como el propio bañista experimenta en ese momento en su pose de deidad egipcia. Mientras la visión del despatarramiento quedaba en el ámbito de la percepción  masculina, no había problema: los machos nos despatarrábamos. Ahora, como tantos otros aspectos de la vida pública, la cuestión ha incorporado la visión femenina. Curiosamente, para el bañista la primera señal llegó hace unos meses del mundo islámico chií. En la película El viajante, del director iraní Asghar Farhadi, el protagonista toma un taxi compartido con otros viajeros y la mujer que iba a su lado en el asiento de atrás exige cambiarse al asiento del copiloto. En el pudoroso cine iraní la causa de esta perentoria demanda no se explicita pero no puede ser otra que el despatarramiento del hombre que iba a su lado. Más tarde en la película, un diálogo entre hombres aludirá al suceso y se apuntará una posible agresión sexual sufrida por la mujer como la causa de su comportamiento. El otro mensaje es público y notorio: el ayuntamiento de Madrid incorporará advertencias contra el despatarramiento en el transporte público. El argumento es irreprochable, el viajero despatarrado ocupa un espacio adicional que quita a sus vecinos, y sobre todo vecinas, de asiento, pero la misma lógica se podría aplicar a los obesos y...

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