En el circo de las elecciones madrileñas se exhiben trapecistas, tragasables, caballistas y payasas; nos faltaba un faquir inmóvil sobre la cama de clavos y ya lo tenemos.
Emergentes y sumergidos (y III)
‘Vox’ no es un grano que le haya salido a la derecha sino su célula primigenia, ese antepasado innombrable cuya memoria gravita sobre el linaje familiar, el guardián de las esencias. Es, como se diría en lenguaje épico, la voz de la sangre.
Emergentes y sumergidos (II)
El vasto y confuso seísmo de los ‘indignados’, que eclosionó a mediados de la década pasada, ha quedado reducido a un tipo de rostro afilado, ceño fruncido y melena abundosa, dando volteretas en la cúpula del circo, que él querría que fuera la ‘cúpula del trueno’.
Emergentes y sumergidos (I)
La crisis vino de una característica de los partidos emergentes: el híper liderazgo, que intenta suplir las demás carencias del proyecto. También le ocurre a los podemitas. El híper liderazgo necesita mucha exhibición y gesticulación, a la vez que mantenerse fuera de la política, es decir, fuera de las servidumbres de la negociación y la gestión inevitables y diarias.
Pelotillas de papel
‘Fascista’ es una reliquia del cementerio léxico del siglo pasado, igual que ‘comunista’, término que aplica doña Ayuso, en justa reciprocidad, a sus adversarios. Ambos son ‘significantes vacíos’, que diría la pareja Laclau-Mouffe, inspiradora de los primitivos podemitas. Lo que no imaginaban los marxistas gaseosos es que la derecha iba a apropiarse del invento y utilizarlo con notable pericia y ventaja.