Maldición, me acabo de meter en un charco, fue lo primero que le vino a mientes. Y ahora, ¿qué hago? Si me levanto y me voy, desairo a la ‘fundaciónfranco’, a la que subvencionamos para que hagan cosas como está. Para no mencionar que la espantá daría no sé cuántos millones de mis votos a vox. Y no olvidemos que compito en el partido con la tal Ayuso que ha declarado que si te llaman fascista es porque estás en el lado bueno.
El dinero que crece en la arena
La interpol, a su vez, es para el ciudadano medio una entidad de perfiles y funciones difusas que es noticia estos días porque para su presidencia ha sido elegido otro policía que resuelve los casos como Roberto Alcázar: un emiratí de nombre Ahmed al Raisi, acusado de torturas.
La orquesta y los caníbales
En la muy madrileña cúpula del pepé se ha desatado un debate sobre preceptiva musical. La cosa en el partido de la derecha va de si una orquesta debe tener o no solista. El director de la orquesta, don Casado, dice que no; la solista, doña Ayuso, dice que sí, y el concertino, don Almeida, que, bueno, solistas sí pero sin desafinar.
Independentzia
El viejo recuerda la primera vez que oyó el grito independentzia y la extrañeza que le produjo. Independencia, ¿de quién? Fue a principios de los ochenta cuando cubría como periodista un mitin multitudinario de la entonces llamada ‘herribatasuna’ en un polideportivo de esta remota capital subpirenaica. Quien se desgañitaba con la demanda de independentzia al lado del periodista era una muchacha adolescente, que ahora tendrá unos sesenta, quizá jubilada, quizá abuela.
Un toque de distinción
En medio de la bronca que ha provocado nuestra adorable doña Cayetana en su partido, y preguntada si piensa renunciar al escaño de diputada, ha respondido que no, claro, pero lo singular y admirable es la razón que ha dado: porque sería vulgar, ha dicho. Ya lo ven. Tenemos una democracia cutre, de plebeyos, en la que se censura al disidente que se aferra al escaño que le ha proporcionado el partido, y resulta que ese comportamiento es precisamente aristocrático.