¿Cómo se pasa del estado del bienestar al estado del malestar? ¿Por qué se ha convertido la convivencia en una cacofonía de quejas?
En la localidad de Calafell, los vecinos de un bloque de viviendas están enfrentados con los jugadores de petanca de una pista cercana porque los golpes de las bolas y las voces de los participantes les impiden el derecho a la siesta. Es imposible imaginar una actividad recreativa al aire libre más mansa, apacible y queda, símbolo del descanso y la convivencia vecinal. Además, las partidas se celebran entre las seis y las ocho de la tarde, cuando llega la fresca y ha pasado el horario canónico de la siesta. Sin embargo, los vecinos han colgado de sus ventanas carteles de denuncia y claman a voz en grito para que el alcalde visite el lugar del descontento y compruebe por sí mismo los efectos de la incuria administrativa. Entretanto, se han producido episodios de incivilidad en ambos bandos. Los vecinos han inutilizado con silicona las cerraduras del armario donde los petanquistas guardan los aperos del juego, y estos han lanzado excrementos de perro al portal de los vecinos.
El escribidor, conmovido por el entuerto, ha intentado entrar en él, pluma en ristre, para aclararlo y ponerlo en razón con la sagacidad de sus ocurrencias, y ha quedado bloqueado, fundido, impregnado él mismo del sinsentido del suceso. Demasiado calor este verano. Si cambia el clima por qué no ha de cambiar también la lógica de las cosas. Si la estupidez se apodera del mundo, ¿quién dice que no formas parte de ella? Hagamos una pausa, unos días en blanco. Los visitantes de este rincón lo comprenderán, y quién sabe si también ellos necesitan un descanso.