Hubo un precedente en noviembre de 1975 y Marruecos se adueñó de la colonia española del Sahara occidental por el procedimiento de lanzar a una multitud desarmada sobre el territorio. Banderas verdes contra la rojigualda. La acción, totalmente incruenta, noqueó al declinante estado franquista –el dictador estaba al borde de la muerte, que ocurrió unos días después- y el territorio fue cedido al nuevo dueño, que ha impedido durante décadas el ejercicio de autodeterminación de la población autóctona y la intervención de España como potencia descolonizadora, que lo sigue siendo de iure, hasta que don Sánchez aceptó el plan de Marruecos para el territorio en 2022, después de que el reino alauita hiciera un alarde de fuerza enviando a una nueva multitud de jóvenes sobre la ciudad de Ceuta en lo que se llamó un incidente fronterizo en mayo de 2021, como respuesta a la acogida en un hospital español, un mes antes, del jefe del Polisario para tratarle un cáncer.

El régimen de Rabat ha encontrado una manera de manejar a su beneficio la disponible desesperación de su sociedad, singularmente la desesperación de los jóvenes, y ha vuelto a repetir la operación cuadriplicando los falsos inmigrantes que cayeron sobre Ceuta. Respecto al suceso análogo de 2021, el mundo ha cambiado en dos aspectos cruciales, bajo la batuta de Trump, hay que decirlo: a) la nueva reorganización del arco árabe-islámico en la que Marruecos es el eslabón occidental de la cadena de alianzas con Washington a través de Israel y que en oriente incluye el permiso, apenas secreto, a Arabia Saudí para dotarse de armamento atómico, y b) el declive definitivo de Europa como ente político unificado por efecto del ascenso de los gobiernos conservadores y neofascistas inspirados y alentados por Washington. En 2021, la comisión europea advirtió que Ceuta es Europa al ser parte del territorio nacional español; en esta ocasión, tres países miembros de la unioneuropea –Italia, Dinamarca y Finlandia- se han apresurado a solicitar la expulsión de España del acuerdo de Schengen que garantiza la libre circulación de personas.

La ofensiva política y diplomática contra España es inocultable. Los partidos de la coalición reaccionaria han olido de inmediato la sangre y se han lanzado a la yugular de su presa favorita. Don Sánchez ha debido advertir la dimensión del embate porque por primera vez ha comparecido desconcertado ante la prensa. La ocurrencia de atribuir la invasión de Ceuta a las mafias es sintomática de esta impotencia argumental. Las mafias es un comodín para no apuntar más arriba pero también es un tópico utilizado por la derecha para negar la evidencia de que la inmigración de sur a norte es uno de los rasgos del hemisferio occidental, quizá el más importante en este periodo histórico, y la regulación es entre muy difícil e imposible sin saltarse la protección de los derechos humanos, según la legislación liberal europea. Don Sánchez ya ha anunciado cambios legislativos para favorecer la expulsión en caliente. Los migrantes –inermes, desesperados, aunque sean postizos, como en este caso- se han convertido en la carne de cañón de la revolución neofascista que se nos viene encima.

El destino de quienes lo intenten será, según los casos, a) la devolución forzada al país de origen, b) el encierro en un campo de concentración extraterritorial del país de destino, c) la muerte accidental o no en el viaje de tránsito, y d), en el mejor de los casos, el empleo en tareas de baja cualificación con estatuto vigilado de gastarbeiter. Estos últimos tendrán pocas oportunidades y las pocas que tengan habrán de disputarlas en desventaja con los indígenas del país, hijos de clases medias depauperadas pero favorecidos por la prioridad nacional. Por ende, los nuevos imperios económicos no necesitan mano de obra como en el periodo industrial sino espacio virgen para explotar nuevas tierras y levantar instalaciones dedicadas a la supercomputación y creación de inteligencia artificial. Hemos llegado a un punto de la historia en el que los humanos estamos de sobra; por supuesto, son los otros los que están de sobra, y, por lo que nos indica el rey de Marruecos, sus jóvenes súbditos están a la vanguardia de este mundo nuevo.

Un futuro y previsible gobierno de don Feijóo y don Abascal, que se han desgañitado ante la oportunidad brindada por la invasión de Ceuta, tendrá que hacer frente a la inmigración y no les valdrán las medidas duras. Nadie tiene en cuenta la cuarentena de fallecidos en este episodio, ni que hubieran sido doscientos o dos mil, tanto da. Probablemente, don Feijóo empiece por lo más fácil: ceder Ceuta y Melilla a la soberanía de Marruecos y tener en paz el mundial de fútbol de 2030. Aunque su socio quizá prefiera volver a los buenos tiempos de las guerras de África.

P.S.  En el pasado junio, el autor de estas líneas se dirigía a una conferencia sobre defensa y seguridad en Europa, organizada por una asociación de debate de impecable marbete liberal. En el autobús público en el que viajaba de camino al evento se encontró con un antiguo compañero de trabajo y amigo al que, en el intercambio de saludos, le dijo a dónde se dirigía. Ah, un tema muy interesante, abundó el amigo, la defensa y la seguridad, ya lo creo, Ceuta y Melilla y todo eso. La conferencia estuvo a cargo de un experto militar que había ocupado altos puestos en la seguridad del estado y de la unioneuropea, e hizo una exposición clara, precisa e irrebatible para los legos, mencionó Kaliningrado pero ni una palabra sobre Ceuta y Melilla y lo que podríamos llamar el flanco sur de la seguridad europea. Los expertos dicen que en un par de años habrá una guerra en el Báltico, contra Rusia, se entiende. ¿Estaremos los españoles obligados a participar si, con el concurso de Finlandia y Dinamarca, nos han expulsado del espacio europeo común?