Hoy, en Ucrania, ese tránsito entre la comedieta paródica y la epopeya trágica lo encarna el presidente don Volodomir Zelenski.
La vie est ondoyante
Es sabido que los petroestados no son propensos a la democracia. Las democracias occidentales se sostienen porque el mismo interruptor que pone en marcha la lavadora o enciende el ordenador ocluye el visor moral por el que podríamos informarnos de la procedencia de esta energía.
El lienzo de Penélope
La cuestión es si esta actividad diplomática, de haber existido, hubiera frenado la deriva que ha llevado al conflicto de Ucrania. La respuesta, cautelosa, es no. La asimetría y la incompatibilidad de los sistemas occidental y ruso seguirá intacta.
Desconcierto, impotencia, miedo
En este momento, los polos de la imaginación occidental respecto a Ucrania están entre el pesimismo de que Rusia pueda utilizar bombas atómicas tácticas y el optimismo de que Putin sea víctima de un golpe de estado urdido en su entorno.
Sueños de los ‘rusos globales’
Muchos rusos, quizá la mayoría, no saben qué pensar, de modo que su reacción instintiva es la adhesión a su gobierno que, por lo demás, emite señales fácilmente reconocibles, aunque sean trolas: genocidio, nazis, la patria está en peligro, etcétera. Bajo las alas de don Putin se sienten seguros.