Las líneas que siguen son un resumen del memorando que este escribidor ha remitido a la Casa Blanca y al Pentágono por si juzgan necesaria una auditoría externa e independiente, como se dice ahora, a sus planes de invasión de Groenlandia. El autor ha advertido el giro de los acontecimientos y quiere estar en el lado correcto de la historia, como predica ese preclaro estratega que es don Bendodo.
La primera observación es que la conquista de Groenlandia es técnicamente más fácil que la de cualquier otro lugar del mundo, y desde luego más fácil que la de Venezuela, por poner un ejemplo reciente que está en la mente de todos. La isla tiene una población de cincuenta y seis mil habitantes en una superficie de 2,16 millones de kilómetros cuadrados, lo que quiere decir que no solo no habrá resistencia, ni siquiera pasiva, sino que el desembarco de varias divisiones se puede hacer sin que la tropa encuentre a un solo paisano en el camino durante semanas o meses.
Lo del desembarco es un homenaje del autor a la memoria de la playa de Omaha pero ya se entiende que es una hipérbole. Groenlandia puede conquistarse sin conquistadores. Los que estamos en el lado correcto de la historia sabemos que los buenos tienen una base militar en la isla, de modo que bastaría que nuestro bienamado presidente Trump pidiera al gobierno danés, con la politesse y finura que le caracteriza, una ampliación del perímetro de la base y/o su extensión a otros territorios de la isla donde además de equipamientos militares para vigilar y repeler a los putos chinos y rusos se instalarían otros de carácter civil para la prospección y explotación de tierras raras, donde, no hace falta recordarlo, las compañías mercantiles del lado bueno de la historia se harían de oro.
Adicionalmente, no puede excluirse que la isla tuviera un uso humanitario y sirviera para la instalación de campos de concentración o de algo más severo, a los que serían transportados inmigrantes e indeseables de todo género, prácticamente sin limitación de número, según el modelo instaurado por Alemania en Polonia en los años cuarenta del pasado siglo. Groenlandia, vasta y despoblada, parece haber sido creada por Dios para este fin, lo que se hace más evidente después del fracaso del arriendo de este menester a terceros países serviles, ya sea El Salvador de don Bukele o la Albania de doña Meloni; el primero por saturación de las cárceles y la segunda por pejigueras jurídicas típicamente europeas. Aquí, de añadidura, los deportados podrían ganarse el churrusco de pan picando piedra en las minas de tierras raras hasta la solución final.
¿Y qué hará el reino de Dinamarca y por extensión la temblorosa Europa en este caso? La respuesta es sencilla: nada. Hay un vademécum de frases idiotas pronunciadas por prebostes al mando un minuto antes de que llegue la catástrofe. Hasta ahora, la preferida de este escribidor era la atribuida a don Santiago Casares Quiroga, presidente del gobierno de la república española en la noche del 17 de julo de 1936: ¿Que los militares se han levantado en Marruecos? Pues yo me voy a dormir. Pero ahora mismo está en el podio la declaración de la primera ministra danesa: Si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, todo se acabará. ¿Qué es todo? Permítaseme un pronóstico sobre el futuro de ese espacio gaseoso que llamamos Europa después de que le sea arrebatada Groenlandia.
Sin contar con que la urdimbre europea está completamente cuarteada por el crecimiento de los neofascistas encantados de bailarle el agua al emperador de la cresta naranja, la geopolítica del continente se partirá por mitad siguiendo la línea de puntos que estuvo vigente durante la guerra fría. Los países de este -y quizá los nórdicos, por otras razones- harán los esfuerzos necesarios para mantener el favor de Trump como garante de su seguridad ante el ogro ruso, en las condiciones que dicte Washington. Estos países, compulsivamente nacionalistas, temen a Moscú pero detestan a Bruselas y esa cosa que en occidente llamamos finamente democracia liberal les es completamente desconocida por razones históricas.
En el occidente europeo quedan los caballeros de la tabla redonda, ahora llamados coalición de voluntarios por Ucrania, que constituyen una incierta reunión de gobiernos –Francia, Reino Unido, Alemania-, antaño poderosos y enemigos entre sí y hoy menguados y aliados, que carecen de una visión compartida sobre los objetivos y los medios de lo que tendría que ser una política europea digna de ese nombre. Pero de Europa hablaremos en próxima ocasión; por ahora, quédense con estos apuntes e intenten memorizarlos. Ah, y no olviden adquirir el kit de seguridad patrocinado y adoptado por la unioneuropea, que no sirve de nada en una guerra pero siempre puedes necesitar unas cerillas o unas tiritas.
don Manué, danos un poco de esperanza. Que pasara después del mandato de Trump? Por supuesto, si hay un depués.
Hola, Rodergas. Feliz año, a pesar de todo. Tengo la bola de las adivinaciones en reparación pero si puedo decirte que el que venga después de Trump no revertirá las conquistas de este, a menos de que se vea forzado a hacerlo por una fuerza exterior, que ahora mismo no se vislumbra en ninguna parte. Los imperios se llaman así porque no ceden nunca terreno por razones ajenas a sus intereses y para defenderlos tienen una fuerza militar abrumadora.