Don Sánchez va a ser abatido por los principales beneficiarios de su ejecutoria. Un extraño contubernio formado por un grupo de su confianza devenidos corruptos y abusadores y la tropilla de los perpetuamente insatisfechos neocarlistas catalanes. Ambas células cancerosas provocan un efecto común: desmoralizan al electorado natural de izquierda y fomentan la temida abstención, a lo que colabora con ahínco la cainita izquierda de la izquierda.
El antígeno de don Sánchez -¡que viene el lobo fascista!- puede resultar inocuo si el tratamiento se prolonga mucho tiempo. Hasta ahora, los voxianos han llegado a donde están sin mover una ceja y con la única promesa cierta de que el infierno venidero solo lo van a padecer los inmigrantes y los periodistas de la tele pública a los que se ha amenazado con un lanzallamas; nada, pues, de qué preocuparse. Con esta cantinela, que ni siquiera necesitan enfatizar, los voxianos han recuperado el estatus dominante en Valencia y probablemente lo consigan de nuevo en Extremadura; para no hablar de Madrid, que lo tienen conquistado. Don Sánchez es un equilibrista muy dotado y tenaz que avanza sobre una maroma que se está deshilanchando.
Hay que tener muy mal fario, para decir lo menos, al situar en puestos privilegiados de tu entorno político más íntimo a tipos cuyos tejemanejes, ya fueran financieros o sicalípticos, debían ser perceptibles a las innumerables miradas que atraviesan estos círculos. Si nadie advirtió al presidente debió ser por el carácter férreamente jerárquico de la organización, donde nadie quiere arriesgar su carrera y su puesto por una confidencia indeseada. El aséptico protocolo de denuncia e investigación tampoco funcionó en el caso de Paco porque lo suyo es que no funcionara. Estamos hablando de poder, que es correlativo a abuso. Va a resultar que don Sánchez tendrá que imitar a la adorable doña Esperanza Aguirre y confesar que le han salido ranas. La diferencia es que a don Sánchez no le valdrá la absolución como le valió a doña Aguirre. La evitación de la corrupción económica y de la violencia misógina no son prioridades en el programa de las derechas pero sirven para que las izquierdas traguen de su propia medicina.
Don Puigdemont y sus junts están de vuelta del populismo procesista al catalanismo de los negocios, en busca de su referente natural, que es el empresariado y la bona gent de toda la vida, independentista, sí, pero más amiga de sus caudales. No es un tránsito fácil cuando en su vida anterior los juntos por la patria consiguieron que ocho mil empresas se expatriaran de Cataluña en busca de seguridad durante la fervorina procesista. Ahora mismo junts es un partido menor al que don Sánchez ha devuelto a la normalidad y al que la aritmética parlamentaria ha convertido en la pata coja de la mayoría de investidura. Un aliado desleal y oportunista, que ha mutado su lema originario, Espanya ens roba por Sánchez ens enganya.
El público está absorto en los esfuerzos del equilibrista sobre la cuerda floja, unos con el temor y otros con el regocijo de que pierda pie y se parta la crisma. Los sondeos demoscópicos cuentan que unos y otros son fuerzas estables y emparejadas, y todos esperan que algo grande y determinante ocurra, como si una gran cantidad de energía subterránea se estuviera acumulando a la espera del acontecimiento que ha de liberarla. Entretanto, la realidad está saturada de hechos, nuevos o repetidos, rebajados a anécdotas que nada mueven y quedan absorbidas en una especie de foto fija, asfixiante como un muro que impide ver el horizonte.