Al florilegio de adjetivos que pueden adornar a la justicia –retributiva, prospectiva, inquisitiva, deliberativa, etcétera-, el incansable juez don Peinado ha añadido dos más de su huerto en el famoso caso de doña Begoña Gómez: recreativa y plebiscitaria. Son cualidades sucesivas: primero el espectáculo, luego la participación del público. La instrucción ha sido un dilatado alarde casi circense de actuaciones procesales en busca de un delito denunciado por un sindicato especializado en pleitos y una noticia de prensa no confirmada. Después de un año y pico de autos, convocatorias, interrogatorios, requisitorias, recursos, idas y venidas desde la sede judicial al palacio del gobierno y vuelta, el juez tenaz ha encontrado el delito –la malversación- para que sea juzgado por un jurado popular.
La justicia, pues, queda en manos del pueblo (si una instancia superior no enmienda la resolución del juez, como ha ocurrido en otras fases de este procedimiento). La justicia plebiscitaria en casos históricos como el que nos ocupa tiene mala fama desde el caso de Jesús de Nazaret pero no siempre se equivoca ni su resolución es enmendada por la opinión pública posterior. Además, tiene efectos colaterales benignos: en aquella ocasión, Barrabás puedo rehacer su vida y en esta, con suerte, don Feijóo podrá ser presidente. El ambiente es favorable a que así ocurra.
El juicio se celebrará en la ciudad de Madrid, la taifa de doña Ayuso, donde la mayoría de la población sabe a ciencia cierta que la acusada es culpable porque es la esposa de don Sánchez. El tribunal va a tener dificultades para encontrar jurados neutrales que no tengan una opinión preconcebida. La instrucción ha sido tan mareante y divagatoria, tan plagada de apriorismos y jaleada en la constelación mediática, que es previsible que los llamados a juzgarla vayan a la tarea como zombis con una sola idea bullendo en la cabeza: mataaar a Begoña, mataaar a Perrosanxe.
A don Feijóo y su gente les ha faltado tiempo para ponerse al frente de la procesión. Singularmente a un diputado del pepé que ocupó bajo el mandato de don Rajoy el mismo puesto como secretario de su esposa en La Moncloa que ahora ocupa una de las acusadas en relación con doña Begoña Gómez. El diputado don Jaime de los Santos, al que la cámara ha sorprendido en una pose muy teatral mientras perora, ha afirmado que el juicio con jurado demuestra que no ha habido lawfare en este caso. Es difícil interpretar el vehemente gesto del diputado: quizá piense, de buena me he librado, pues no hicimos ni cosas parecidas e incluso peores cuando estaba Rajoy y yo acompañaba a Viri. Una de las maneras más firmes de creer en la justicia es saberse a salvo de ella.
El juez don Peinado no parece tipo propenso al humor, tiene más bien cara de tomar bicarbonato después de las comidas, pero si lo fuera estaría partiéndose de risa al comprobar que el destino del país está en manos de la colla de indocumentados que habrá de abrirse paso en el embarrado túnel de su instrucción.