Don Feijóo se prepara para el asalto final a la fortaleza sanchista y ha hecho algunos cambios en el plantel de voceros que han de secundarle con la trompetería de ataque. Para los meros espectadores, estos reemplazos son indistinguibles en contenido y tono y diríase que responden menos a un cambio de táctica que a la fatiga de los remplazados, o mejor, a su afonía porque básicamente la función de estos peones de brega consiste en ladrar incansablemente en el parlamento y ante los micrófonos de prensa para advertir al buen pueblo contra el okupa felón de La Moncloa.
Cualquiera podría pensar que los portavoces retirados lo han sido porque quieren introducir un poco de racionalidad en sus aperreadas vidas y dedicarse a actividades más reflexivas y sublimes pero quia, aun en lo recóndito de su nueva existencia siguen ladrando, como si reclamaran el altavoz del que han sido despojados. En este devastado y devastador verano hemos visto de nuevo en sendos destellos de la tele a doña Gamarra y don Bendodo entregados a la única actividad que les justifica ante el mundo (¿qué pensarán sus hijos?). La primera repitiéndose con un pañolón de fiesta de pueblo al cuello, como quien no descansa nunca. El segundo incluso ha obtenido durante unas horas un eco de réplicas y repiques con su desenfadada afirmación de que la directora general de protección civil es una pirómana. Se ve que quiere demostrarse a sí mismo que aún está en forma y puede hacerlo como don Tellado, o mejor.
En todo caso hay nuevas caras en la tribuna. La última, doña Alma Ezcurra, una purasangre del pepé, cultivada en la escuela filosófica faes de don Aznar, que viene con el encargo de dotar al partido de discurso ideológico, precisamente la vocación de doña Cayetana Álvarez de Toledo, que sin embargo no consigue obtener la cátedra, quizá porque el manager la ve demasiado fina y estirada para el empleo. De una proveedora de ideología más o menos de baratillo no se espera que argumente como Karl Marx o Isaiah Berlin pero, vamos, un tono sosegado y cierta sutileza en el razonamiento sería de agradecer en la audiencia porque a nadie le gusta imaginar que, en caso de que la ideóloga y los suyos lleguen al poder, vamos a ser gobernados por una jauría. Esperanza fallida.
El acto de presentación de doña Alma Ezcurra fue tan desaforado y loco que a la misma oficiante le fallaba la voz, como si no se creyera lo que estaba diciendo. Quien esperase un discurso se encontró con una soflama. La nueva filósofa viene con la inevitable vitola de liberal pero su perorata coincidía al milímetro con la de cualquier populista de barra de bar. ¿A qué ha quedado reducido el argumento liberal? Si seguimos el alborotado hilo de doña Ezcurra consiste en un dilema entre un país de ciudadanos fuertes y libres en la Europa necesaria frente a un país de subsidios y mamandurrias y un gobierno que es amigo de los talibanes, Putin y Venezuela. Y como colofón: al puto amo no le va otro remedio que claudicar ¡que tiemble la izquierda! Tal cual.
La contrarréplica a la arenga la daba la expresión alelada y pavisosa de la chiquillería que formaba el telón de fondo del acto detrás de la oradora. Se puede adivinar lo que pensaba alguno de estos jóvenes bajo su expresión inerte: para eso, mejor votar a los voxianos. Si queremos que tiemble la izquierda, mejor el musculado machote que dirige desokupa que esta niña pija que no puede proferir una amenaza como dios manda sin gritar para que no se advierta su falta de convicción.
La duda está en si estos ladridos se convertirán en dentelladas y terminaremos viendo en las redes sociales un selfi de doña Alma Ezcurra sonriente y triunfal ante los temblorosos prisioneros del campo de concentración de Miranda de Ebro, como hace su homóloga trumpista en Alligator Alcatraz.
A los españolitos de a pie nos choca que en el PP haya tanta perversión difícil de comprender y un número tan grande de estultos que a su eximio líder le resulte problemático seleccionar a personas sensatas para puestos relevantes. Pero, como escribió san Jerónimo en su traducción del Eclesiastés en la Biblia Vulgata, «Perversi difficile corriguntur, et stultorum infinitus est numerus». Que el bloguero me perdone el latinajo, pues, aunque su traducción no es un problema, carece de la claridad luminosa de la retórica de la señora Alma Ezcurra, de quien el gran Feijóo ha dicho con elogio y acierto: “A Alma se le entiende cuando habla”. ¡Desde luego!