La vuelta el cole es una ocasión contradictoria en el ánimo de los escolares y sus familias. Hay añoranza del tiempo vacacional, que no se quiere abandonar, pero también deseo de una etapa nueva con sus promesas y desafíos, que nos impulsarán adelante. Adelante. Nada mejor para celebrar la vuelta al cole que unas elecciones legislativas ganadas copiosamente por los neonazis, como ha ocurrido en el ignoto reino de Sajonia-Anhalt. Si los neonazis vuelven al mando en Alemania podemos imaginar sin esfuerzo en qué consistirá el curso escolar para Europa entera. Deutschland über alles, como dicen ellos.
Los neonazis no solo han ganado de largo las elecciones sino que han pulverizado la arquitectura política de Alemania vigente desde el fin de la guerra en 1945. El segundo partido, la derecha conservadora, que ostenta el mando en el gobierno federal bajo la batuta de herr Merz, ha quedado casi treinta puntos por debajo del ganador, en una vergonzante posición subalterna. De la antaño poderosa socialdemocracia alemana –casi un pleonasmo- no se tiene noticia de su paradero.
Los alemanes, gente seria, habían establecido una barrera defensiva para detener a quienes traen consigo lo peor del pasado de la nación. La democracia en Alemania era algo más que un sistema político, era una huida hacia adelante para escapar del dinosaurio, y cuando han despertado, el dinosaurio estaba ahí. La barda defensiva para que esto no ocurriera se dice en alemán Brandmauer; la lengua alemana parece construida no por poetas y filósofos, como les gusta creer a ellos, sino por ingenieros en una planta siderúrgica, pero deslizado hacia el dulce romance el término alemán se traduce literal y modestamente por cortafuegos. En nuestro país es fácil imaginar la voracidad del fuego y de lo poco que sirven los cortafuegos porque el clima nos lo recuerda cada verano y ni siquiera llegamos a pensar que sea más que un fastidioso accidente estival para mantener la programación de los telediarios, así que, en nuestra jerga política, Brandmauer se traduce por líneas rojas, un término pinturero y taurino que evoca los espacios del toro y del torero en el albero de la plaza y que, como saben los aficionados, se salta de continuo durante la lidia. En España, el fascismo tiene un carácter más familiar. No en vano vivimos bajo su férula cuarenta años y hoy la memoria histórica de la población se reparte entre los que no tienen ni idea de lo que fue aquello y quienes lo recuerdan como un tiempo no tan malo como dicen los resentidos rojos y al que ojalá volviéramos; con algunos matices, desde luego.
Los neonazis de Sajonia-Anhalt necesitan un pequeño apoyo parlamentario para gobernar a su gusto. Quizá lo obtengan de los diputados de extrema izquierda. Alemania oriental es un territorio que pasó sin transición de la dictadura de Hitler, que les prometió que sus predios agrícolas se extenderían a Polonia y Rusia, a la de Stalin, que proporcionó empleo, seguridad y paz, en ambos casos bajo estricta vigilancia del estado. Así que es el paisaje donde ha medrado un concepto nuevo y raro, lo rojipardo, en el que el grumo que suelda los dos términos antitéticos del vocablo es la xenofobia contra los inmigrantes, que opera a derecha e izquierda. Es transversal, como se dice ahora por aquí.
Europa ha llegado a la línea del horizonte y da síntomas de querer volver atrás, presa del vértigo, como si en efecto la Tierra fuera plana y la Historia, reversible. El movimiento reaccionario que se ha apoderado del debate público y empieza a sentar cabezas de playa en las instituciones de las democracias liberales para destruirlas es un síntoma inequívoco, que coincide con la deriva de los dos imperios vecinos, dizque en decadencia. Washington y Moscú también quieren volver a 1945. El primero para recuperar la hegemonía cultural, económica y militar en la parte occidental y el segundo para establecer una zona de influencia inequívoca que proteja a la siempre amenazada madre Rusia. Para llegar a 1945 hubo que atravesar una guerra, que no necesita calificativos, así que, una vez más, aux armes citoyens.