La localidad madrileña de Algete (21.144 habitantes) ha saltado a la actualidad con un parte de guerra; cultural, por supuesto. Si gugleas el nombre de la ciudad aparece profusamente acompañada de los verbos quitar, retirar, eliminar, fulminar, de lo que parece la ocupación del pueblo por un ejército enemigo: el cantante Joan Manuel Serrat, que daba nombre a un edificio público de la localidad (la noticia no aclara su uso) y que ahora llevará el nombre de un héroe local, Cruz Epifanio Mateo Fernández, que comparte con el cancelado el oficio de la música.
La composición del consistorio algeteño es el mapa del macizo español: el pepé (7 concejales) gobierna el municipio con el apoyo de vox (3), que le cubre las espaldas y le fuerza a ponerse en evidencia, frente a la oposición del pesoe (6 concejales) y un surtido de otros tres grupos (independientes, unionistas de Santo Domingo y vecinos por Algete) que suman 5 escaños de posicionamiento variable. Esta disposición de fuerzas explica que la resolución municipal se aprobara como un golpe de mano, en un pleno consistorial extraordinario y urgente celebrado a puerta cerrada para evitar mosqueos y motines, y se basó en el argumento de que el tal Serrat carece de vinculación directa con Algete. Hombre, alguna vinculación directa tendría a través del oído de los vecinos, pero lo que se quiere decir es que no era nativo de la localidad. La operación se ha realizado bajo el paraguas doctrinal de la prioridad nacional, que, en este caso demuestra la flexibilidad del término nación que justifica la prioridad y cuyo perímetro comprende desde la Iberosfera, donde nació y vivió Malinche y nunca se pone el sol, hasta Algete (37.88 km2) y, sea cual sea la dimensión geográfica de la nación, los catalanes están excluidos.
¿Y quién es el héroe nacional llamado a ocupar el lugar de honor en la conciencia y en el registro musical de los algeteños? El museo de la fama que es internet da poca información sobre Cruz Epifanio Mateo Fernández, excepto la relacionada estos días como cabeza de carnero del ariete consistorial que ha servido para reventar la fortaleza woke y cancelar a Serrat. Hay que pasear un poco por google para encontrar su web de diseño esforzado y añejo en la que, en la primera línea de la portada, nos cuenta él mismo que todos lo conocen como Pifa, antes de relatar sus aficiones y méritos musicales como músico infantil de una rondalla local que años más tarde convirtió en una orquesta de púa, hizo estudios musicales y fundó y fue primer director de la banda Villa de Algete, localidad que le otorgó en 2008 la medalla de bronce (no de oro ni de plata) al mérito cultural y desde 2006 es director de la banda de Fuente el Saz del Jarama (Madrid, 7.413 habitantes). Es autor de treinta composiciones debidamente registradas y de las que debe citarse la autoría en caso de uso, entre las cuales el propio autor destaca el himno procesional del Santísimo Cristo de la Esperanza de Algete.
No sabemos más de Pifa que lo que cuenta él mismo en su web pero parece la clase de tipo imprescindible en el fermento de la cultura popular y para la cohesión social de la comunidad, laborioso y digno, y, si bien anhela el reconocimiento, como todos, es difícil creer que haya (o hubiera, porque no sabemos si está vivo o muerto) aceptado este reconocimiento en una operación política dirigida contra un músico, compositor y cantante de reconocida fama internacional y que ha servido con honor a la música y a la convivencia del país. Curiosamente la ficha de Algete en la wiki no menciona a Pifa en el apartado de personas notables, acotado a nacidos en Algete, donde sí aparecen otros siete nombres referenciados.
Antes de Algete tuvo lugar un intento parecido en Alpedrete (lamento el ripio, es involuntario). Dos años atrás, el ayuntamiento de esta localidad despojó de los nombres de Francisco Rabal y Asunción Balaguer a una plaza y a un edificio, que los tenían dedicados. Los Rabal no solo eran una familia de destacada trayectoria en el cine y en el teatro sino que tenían una relación personal con el vecindario ya que sus hijos vivían allí. En aquella ocasión, la virreina de Madrid, doña Ayuso, ordenó parar y el ayuntamiento dio marcha atrás en su decisión. El malpensado autor de estas líneas se malicia que fue por algunas de estas causas: a) los Rabal, si bien rojillos, no eran catalanes; b) al contrario, el gran actor era murciano, de Águilas, una taifa amiga, y c) aún no estaba operativa la consigna de la prioridad nacional, que se ha convertido en la manija con la que los voxianos tienen atrapado al pepé para permitirle gobernar. En fin, calenturas de cabeza en la cúpula de calor en la que estamos.