Un divertimento cultural patrocinado por una institución financiera se ha ido al traste por un chispazo amplificado por las redes sociales, que de una pijada hacen un castillo de fuegos artificiales. La movidilla lleva por título Letras en Sevilla y en sus encuentros anuales, de los que ya se han celebrado diez, un selecto y vario puñado de personajes de vitola charlotean sobre un tópico de actualidad patroneados por el ubicuo y conspicuo don Pérez Reverte. Esta clase de almidonados y volanderos eventos vespertinos se dan en todas las capitales de provincia y entretienen a un público ocioso que aún conserva un cierto interés por el conocimiento, además de acrecentar modestamente la fama y los ingresos de políticos, académicos y e intelectuales participantes, que agradecen el aditamento económico y la atención que se les presta.
El tema a examen este año en Sevilla era la guerra civil y llevaba por aciago título La guerra que todos perdimos, que no se sabe si es fruto de despiste o de mala leche; en todo caso era señal de que el evento estaba desenfocado. ¿Quién no sabe que la guerra civil, como todas las guerras, la ganaron unos y la perdieron otros? Han trascurrido noventa años para tenerlo claro y resulta que el único que aún alberga dudas sobre esta evidencia es don Pérez-Reverte, quizá demasiado ocupado en el tamborileo en su cuenta de tuiter y en sus polémicas rimbombantes con la realacademia y el institutocervantes a las que el Capitán Alatriste quiere liberar de los felones que las mangonean. Luego se ha dicho que el titulo del encuentro sevillano llevaba un error de maquetación y debía haberse publicado entre signos de interrogación, lo que añade cinismo e incompetencia a la inopia o a la mala fe.
Los reclamos de ediciones anteriores del evento muestran también un aire cheli, como de anarquista de derechas, que cuadra con el talante del eximio divo de las letras ibéricas. Hace dos años el encuentro se tituló El poder de las mujeres, hasta aquí hemos llegado y el año pasado fue Políticos: ¿solución o problema? (aquí no olvidaron los interrogantes). A pesar de lo capcioso y tópico de los títulos, la convocatoria reúne un ramillete de ponentes muy variado y pintoresco, sin distinción de oficio y tinte ideológico. En este espíritu de concordia que reúne a terraplanistas y astrofísicos está el principal encanto del acontecimiento. Un periodista ha calificado la suspensión de este año como una pésima noticia para el pensamiento liberal, y para abundar en su argumentación ha recordado aquel célebre talk show de cuando la transición y la tele en blanco y negro, que dirigía el periodista José Luis Balbín con el nombre de La Clave, y en el que en una de las tertulias compareció un jefazo del ku-kux-klan con capirote y todo. ¿Se ofende al espíritu liberal por negarse a participar en un debate con un tipo partidario del asesinato de gentes de distinta raza, religión o cultura?
Es la negativa que ha esgrimido este año el novelista don David Uclés, que, después de haber aceptado la invitación, ha sabido que compartía el panel con don José María Aznar o don Iván Espinosa de los Monteros de los que puede decirse cualquier cosa, y todas buenas, menos que los suyos perdieron la guerra. La decisión de don Uclés ha puesto en evidencia el artificio de la convocatoria y ha llevado a los organizadores a atrasar el evento hasta otoño, no sin antes atribuir la suspensión a la presión de la ultraizquierda. Volvemos, pues, a la casilla de salida: la culpa la tienen los de la cáscara amarga que nos obligan a hacer cosas que no queremos y en las que luego perdemos todos. Igual que lo ocurrido hace noventa años.
Y eso ha sido todo en una guerra de opinión cuyo mordiente radica en que se ha desarrollado en las redes sociales. Don Uclés y don Pérez Reverte, colegas de oficio, tiene una reputación que defender. El primero es un gato callejero que se ha ganado estos días un lugar en la solana de la atención pública y don Pérez-Reverte es el gatazo que la tiene colonizada desde hace décadas. Ojalá sea esta gatomaquia el último vestigio de la guerra civil que ganaron unos y perdieron otros.