Si miras largo tiempo al abismo, también el abismo te mirará a ti (Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal).
Tiempo de sondeos demoscópicos. Tiempo de augures escrutando las entrañas del buen pueblo en el altar del sacrificio. Tiempo de soles abrasadores y lluvias torrenciales, que azotan a las regiones del Levante. El diario catalán de referencia titula así los resultados de la encuesta que publica hoy: Una Catalunya ingobernable.
Ciertamente, los datos ofrecen algunos rasgos del paisaje que ponen a prueba nuestros hábitos cognitivos y estimulan las expresiones de descompuesto asombro. ¿Cómo es posible? ¿Quién iba a imaginarlo? El más notorio es el ascenso meteórico del neofascismo catalán: el artilugio de doña Orriols, alcaldesa de Ripoll y guardiana de las esencias más destiladas de la catalanidad, sube de 2 diputados que tiene ahora en el parlament ¡a 30! (en porcentaje, del 3,% al 17,9%) Detrás de doña Orriols no hay partido, ni programa ni proyecto viable que quepa en cabeza humana, ni siquiera en la de la fina dama promotora del encantamiento. Quizá su modelo histórico sea Juana de Arco pero más parece Forrest Gump, que se ha puesto en marcha carretera adelante no se sabe a dónde y ya tiene detrás seguidores bastantes para ser la segunda fuerza parlamentaria. La primera fuerza, el pesoe de don Illa en el poder, modelo de experiencia, racionalidad, cautela y cortesía, se desploma de 42 a ¡30 diputados! (28% a 21,7%). No es una caída tan estrepitosa como lo es el ascenso de doña Orriols, pero sí una censura masiva e irrefutable al govern al mando. En términos boxísticos, el campeón y la aspirante empatan a los puntos al primer asalto.
En Cataluña, como en las demás comunidades históricas, y todas las españolas lo son en una u otra medida, el eje polar derecha/izquierda se ve atravesado por la abscisa nacional catalán/español y todo eso, así que los voxianos españoles también registran un crecimiento del voto (de 11 a 18 escaños y de 8% a 13,1%), lo que rompe ciertos apriorismos difundidos por el discurso catalanista, y como en el resto de España, el crecimiento de la extrema derecha se corresponde con el descenso de la derecha. El pepé pierde cuatro escaños (de 15 a 11 y de 11% a 8,6%) pero el partido puigdemontés, hijo pródigo del pujolato, se desploma de 35 a 16 escaños (de 21,6% al 10,8%) y queda como quinta fuerza del parlament, es decir, al rebufo de lo que unos u otros decidan sobre el futuro. Doña Orriols ha conseguido reclutar a buena parte de la legión de desengañados y resentidos ex combatientes del prusés. Aquello fue un sueño y quienes lo soñaron quieren seguir soñando recostados en la cueva de Ripoll, como Blancanieves a la espera del beso del llamado o llamada a hacer realidad la independencia.
De entre los soñadores de aquella estúpida y dolorosa aventura, los primeros en despertar fue la gente de esquerra. Entendieron pronto que las ensoñaciones legendarias no se avienen con las necesidades del día a día y que no se vive de banderas al viento. Visto así, no extraña tanto que esquerra sea el único partido de la banda izquierda que gana votos y escaños. No muchos, de 20 a 23 (de 13,7% a 15%) pero suficiente para llamar la atención en el deprimente cuadro general. Esta cresta estadística está correlacionada sin duda con que don Rufián sea el portavoz del partido en el parlamento español. Es el único político en el panel que aprueba (52%) entre los encuestados, y de largo porque el siguiente en el ranking, el president don Illa, suspende con 16 puntos porcentuales menos (36%). Don Rufián se ha convertido en el político revelación, no solo en Cataluña. Un tipo políticamente mestizo, charnego y catalanista, un cimarrón dotado de un verbo vibrante, ingenioso y de argumentación directa e inteligible por todos, que, de añadidura, ha puesto de relieve la indigencia política y las consiguientes (malas) expectativas electorales de la izquierda. Y aquí llegamos a la última lección del sondeo.
La ingobernabilidad a la que alude el titular del periódico se debe a que ningún conglomerado de siglas imaginable puede cuajar en una mayoría de gobierno, que exige 68 escaños en una cámara de 135 diputados. Las cuatro derechas suman 75, así que podrían hacerlo pero quién imagina un acuerdo entre partidos enfrentados no solo por principios axiales sino por la competencia interna en los dos subgrupos nacionales en los que la derecha está en incontestable minoría respecto a los neofascistas de su familia. Y en Cataluña no puede utilizarse, y menos ahora, el comodín del pesoe, que ha funcionado a veces en Euskadi.
Los números no dan tampoco para que los cuatro grupos de izquierda (60 escaños) sumen mayoría absoluta pero de alguna manera la población encuestada parece invitarlos a que hagan un esfuerzo. A partir de la premisa de que cualquier alternativa a un acuerdo de izquierdas va a ser letal para su supervivencia (doctrina Rufíán) bastaría que el pesoe remarcara su ideario federal, esquerra entendiera que el programa catalanista máximo ha de quedar ad calendas graecas, los comuns dejaran de comportarse como si no lo fueran y los cupaires sacaran la cabeza del agujero en que la tienen metida, para que se abriera una cierta esperanza de futuro, no solo en Cataluña sino en el resto de España. En ese momento, el vejete que escribe estas líneas despertó, consultó sus notas y se dijo, qué carajo, el abismo, ¿por qué no?