Hará medio siglo, durante la bullente y famosa transición, este viejo leyó una entrevista a cierto ujier de las Cortes españolas que había ejercido en tiempo de la República y confesaba al entrevistador que el diputado don José Antonio  Primo de Rivera iba al congreso provisto de una pistola y le pedía a él que se la guardase mientras ocupaba su escaño. El tipo entrevistado contaba esta anécdota sin escándalo y con un tono de complicidad hacia el diputado, luego mártir de la causa. Las armas y el parlamentarismo son instrumentos antitéticos pero aquellos eran tiempos fieros y el diputado armado defendía la dialéctica de los puños y las pistolas, con las consecuencias sabidas.

El viejo, que no lo era cuando leyó aquella entrevista, recuerda un sentimiento de incredulidad y tranquilidad al mismo tiempo, que se resumía en la extraña convicción de que aquello no ocurriría en el futuro que tenía ante los ojos. Y en efecto, durante unos cincuenta años no ocurrió, hasta que se quebraron los equilibrios políticos de la transición y entró en escena el líder voxiano don Abascal, al que no se le ha oído ni una palabra en defensa de la democracia, y confesó que iba armado dizque para defender a sus hijos. La declaración derivó en un rifirrafe sobre si entraba con su arma al parlamento, que quedó en nada. Es la clase de incidente que el miedo y la cautela de la sociedad lo hace anecdótico y prefiere enterrar en el olvido cuanto antes.

Seis años después, vox marca la pauta del discurso de la oposición al gobierno. No es una excepción española, está ocurriendo en otros países europeos y occidentales. La derecha se ve obligada a trotar al paso de la ultraderecha para no perder espacio electoral, lo que significa apoderarse de su discurso y de sus modales. En esta atropellada operación mimética, la diputada del pepé doña Vázquez ha entrado en el hemiciclo del parlamento con un arma y la ha exhibido durante su discurso. Si don Abascal quería defender a sus hijos con una Smith&Wesson en la sobaquera, doña Vázquez quiere defender a la población de Ceuta con el spray de gas pìmienta que lleva en el bolso. Ni los hijos de don Abascal ni las ceutíes están amenazados pero eso no importa, lo que cuenta es mostrar que se va armado ante un peligro más o menos inventado del que las instituciones democráticas no nos defienden y hemos de hacerlo por nuestros propios medios, inevitablemente contundentes. Es el momento en que las urnas están para romperlas, otra consigna de época.

Pero hasta para manejar armas es necesaria cierta maestría de la que doña Vázquez carece. Cuando la presidenta del congreso la ha expulsado en nombre del reglamento, ha mentido diciendo que la ampolla del gas estaba vacía y luego ha ordenado a un propio que la vaciase, no en Ceuta sino en algún lugar más cercano, y el mandado ha sembrado el gas a lo loco en la misma sede parlamentaria, ha contaminado los conductos de ventilación y ha envenenado el aire, lo que ha obligado a evacuar varias dependencias y una docena de personas ha tenido que ser atendida por los servicios médicos con afecciones en ojos y garganta. Menos mal que no era una pistola la que el empleado del pepé tenía entre manos, como el ujier de don Primo de Rivera.

El incidente ha tenido además repercusión internacional porque el gas defensivo ha alcanzado a una representante del parlamento de Mauritania, de visita oficial en España, provocándole vómitos. Bien mirado, quizá la visitante extraiga la enseñanza de cómo se propone tratar la derecha española a los procedentes de África, tal como había postulado doña Vázquez antes de que el argumento se le escapara de las manos y envenenara la atmósfera. La loca aventura gasística de esta diputada muestra cierto correlato con las intervenciones de su jefe de filas, don Feijóo, que también son mendaces, agresivas y de un dramatismo estridente e impostado, no arreglan nada y lo embarullan todo.

Si hablamos de armas, hay que escuchar a los profesionales. Un tal don Bendala Ayuso, teniente coronel retirado, se ha sumado a la conversación pública, como se dice ahora, con un discurso de casino en el que anima al ejército a formar un gobierno provisional de emergencia que prepare la apertura de un proceso constituyente para elaborar una nueva constitución que enmiende de arriba a abajo la actual por la inconstitucionalidad, ilegalidad e ilegitimidad con que actúan el jefe del estado, el presidente del gobierno y el gobierno en pleno  y porque la oposición es inepta y pasiva. Se ve que el encendido militar ha seguido en la tele la actuación de doña Vázquez.

Anécdotas de este tiempo.