Interior reconoce que elaboró una lista de periodistas pero aclara: ‘Es un documento informativo, de carácter interno’.

Por si el ministerio del Interior no tuviera suficientes problemas con su olímpico don Grande Marlaska al frente, se ha revelado la existencia de un documento (54 folios) con fichas de periodistas (280), que incluye, nombre, foto, ideología y grado de afecto o desafecto al gobierno. ¿Qué se puede esperar de un ministerio dónde imperan los procedimientos policiales y no están muy espabilados en otros asuntos de su competencia y mayor enjundia?

La lista lleva el pintoresco título de Tertulianos. Radio y Televisión, como si el enjambre de asesores de comunicación al servicio del gobierno necesitara un manual de instrucciones para navegar en un piélago en el que cualquier aficionado a la actualidad podría hacer sin esfuerzo una lista parecida y memorizarla sin necesidad de ponerla en papel con el riesgo evidente de que sea filtrada de inmediato para gran jolgorio de los aludidos, gente que necesita cada día un chute de actualidad para ganarse el pan en las tertulias televisivas y en las secciones de opinión de la prensa digital.   

Tú no te signifiques, es la conseja del abuelo en tiempos revueltos. Es difícil de seguir porque vivir es comunicarse con el entorno y, como consecuencia, es inevitable que quienes te rodean no apliquen un significado a lo que haces o dices. Todo el mundo tiene un juicio de valor sobre todo el mundo y el orden social reinante, más o menos aceptable, depende de que sea así. Para algunas profesiones que tienen el ámbito de lo público como materia de su oficio –curas, políticos, periodistas, influencerssignificarse es una exigencia porque el receptor de sus mensajes los acepta o los rechaza según lo que cree que significan.

La significación es una operación subjetiva e imputable al receptor, el cual para llevarla a cabo aplica unos ciertos patrones de juicio al mensaje que le viene del emisor. En tiempos polarizados, como se dice que son los que vivimos ahora, estos patrones tienden a  solidificarse en criterios fijos e inapelables y a simplificarse en un código binario que discierne solo dos categorías, amigo y enemigo, y en esta tesitura el receptor del mensaje se forma una lista de unos y otros para su propio uso. En las charletas de jubilados, gente muy receptiva a lo noticioso, no es infrecuente que se caracterice a tal o cual periodista como aceptable o no en función de la ideología que segrega.

Además de las listas negras, las hay blancas y grises. Las primeras las engrosan periodistas cuya adaptación al medio es modélica y sostenida en el tiempo; en las grises aparecen borrosamente profesionales que no pueden evitar significarse a pesar de su esfuerzo por mantenerse confundidos en el paisaje. Los periodistas deben andarse con cuidado porque el paisaje, que determina la significación, muta con facilidad y más en estos tiempos mutantes. Algunos casos de despido de un medio –Elisa Beni, Juan José López Burniol- han tenido relevancia pública en los últimos meses y su despido se ha justificado y entendido porque la significación que emiten sus mensajes ha sobrepasado el marco cognitivo del medio en el que operaban. Las listas de periodistas están operativas en todo momento, no solo entre el público sino también, y principalmente, en las empresas editoras, que las usan para componer sus plantillas, y en las instituciones públicas, que las tienen para repartir subvenciones y otros gajes a la prensa amiga. Ahora mismo, ante la inminente aparición de una nueva cadena de televisión –la Séptima- se especula con listas de periodistas que saldrían del medio en el que trabajan para engrosar su plantilla. Así son las cosas.

La existencia de la lista ha sido recibida con gran algazara por los blacklisted. Unos/as han dado rienda suelta a su indignación moral; otros/as han manifestado su orgullo por estar en la lista. Lo cierto es que unos y otros esperan seguir en ella pero en la sección de afectos al gobierno cuando gane las elecciones la coalición reaccionaria. A los del otro lado les espera el lanzallamas, no se sabe si en sentido literal o como metáfora del infierno. En resumen, otra hostia a don Sánchez, esta vez con el concurso de los suyos, lo cual empieza a ser una costumbre.