Patrimonio Nacional provee al rey emérito, perdido en las arenas de Arabia, de reales servicios: ayudas de cámara y demás personal que adorna la dignidad de un monarca. Pasada la inevitable rabieta republicana al conocer la noticia, se imponen una observación previa y una curiosidad.
Cuento de navidad
La navidad es ocasión de retorno a lo tradicional, a lo consabido, y si, además de repartir mi dinero a los pobres, apruebas una ley de eutanasia y otra ley que fomenta la educación pública, la buena gente se asusta, se retrae y se escora a la derecha. El regalo de esta navidad es un sistema de alarma y seguridad para blindar el chalé del asedio de los okupas.
Monarquía bananera
Cuando hace cuarenta años creímos que nos habíamos librado por fin de nuestro pasado, ni en las peores pesadillas pudimos imaginar que ‘el sistema democrático que nos hemos dado’, como reza el tópico, inauguraba una ‘monarquía bananera’. La amnistía/amnesia que presidió el proceso transicional nos llevó a olvidar la historia y la semántica.
Cacofonías antes de la restauración
En castellano hay una frase hecha para describir esta situación, alborotar el gallinero, que tal vez inspiró a Cortázar y sirve ahora para explicar la cacofonía en que está sumida nuestra clase política, como las gallinas de la fábula, bajo el impacto del último movimiento del rey emérito y su reconocimiento de que es un (presunto) delincuente fiscal.
Mensaje navideño
Y recuerda, querido hijo, que los españoles no son monárquicos. La monarquía, como ya sabes porque estás muy preparado, se sostiene por la debilidad anémica de la república, que en este caso se traduce en la imposibilidad de los españoles para reconocerse en un demos y constituir un proyecto histórico en común. Este rasgo genético de la raza hace que no puedan vivir sin un poder paternalista, de relumbrón, impuesto sobre sus cabezas, aunque luego no paren de denostarlo.