-
Alemania y el canario en la mina
¿Qué ha ocurrido para que estemos en este punto? Quizá la respuesta está en un crimen irresuelto. El suceso ocurrió en 1991, apenas derribado el muro de Berlín y repartidos sus trocitos entre las personas de bien de toda Europa. La historia es una novela policíaca y el ignoto asesino, un agente cuya acción ayuda a entender los resultados de las elecciones donde los votantes parecen compartir las emociones del tipo que apretó el gatillo.
-
No-lugares que cambian la historia
Dentro de poco, Groenlandia y Ceuta ingresarán en esta categoría de no-lugares que cambian la historia sin que los que asistimos a lo que ocurre ante nuestros ojos, y mucho menos nuestros descendientes, sepamos qué está ocurriendo.
-
Esperando el apocalipsis cubierto con un cucurucho de papel de aluminio
Algunos prebostes de la industria de la inteligencia artificial (IA para los restos) han profetizado que su desarrollo acabará con la humanidad en unos pocos, muy pocos años, en el 2030, según Jacob Coxon, un alto operario de esta industria, ingeniero del monstruo Anthropic.
De te fabula narratur
From The Blog
El alcalde como dios
En los pasados años no hubo alfombra vegetal en la procesión porque pedir a la iglesia que pague el ornato de sus espectáculos es no saber en qué planeta vivimos. Desde el siglo IV, Roma y sus franquicias tienen un contrato con la civilización occidental: proveen de celebraciones y festejos populares en régimen de monopolio y la sociedad civil paga los gastos.
El desertor
La deserción de don Roldán no es más que el enésimo aldabonazo para que don Sánchez no tenga que buscar a su izquierda y entre los nacionalistas los apoyos que necesita para la investidura. Pero el desertor es siempre una figura muy teatral y apreciada por el público porque introduce variedad e imprevisión en una película que está resultando extraordinariamente aburrida
Las cenizas de la memoria
En el pasado, los difuntos se enterraban con el traje de los domingos en un féretro sellado bajo una pesada losa y su memoria la vigilaba un reducido grupo de adeptos, ya fuera la familia, los beneficiarios, conmilitones y secuaces del difunto, y así quedaba para la eternidad. Hoy, los cadáveres se incineran y sus cenizas y su memoria quedan flotando en el aire al albur del viento. No hay ninguna forma de inmortalidad que escape al escrutinio público.