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Alemania y el canario en la mina
¿Qué ha ocurrido para que estemos en este punto? Quizá la respuesta está en un crimen irresuelto. El suceso ocurrió en 1991, apenas derribado el muro de Berlín y repartidos sus trocitos entre las personas de bien de toda Europa. La historia es una novela policíaca y el ignoto asesino, un agente cuya acción ayuda a entender los resultados de las elecciones donde los votantes parecen compartir las emociones del tipo que apretó el gatillo.
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No-lugares que cambian la historia
Dentro de poco, Groenlandia y Ceuta ingresarán en esta categoría de no-lugares que cambian la historia sin que los que asistimos a lo que ocurre ante nuestros ojos, y mucho menos nuestros descendientes, sepamos qué está ocurriendo.
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Esperando el apocalipsis cubierto con un cucurucho de papel de aluminio
Algunos prebostes de la industria de la inteligencia artificial (IA para los restos) han profetizado que su desarrollo acabará con la humanidad en unos pocos, muy pocos años, en el 2030, según Jacob Coxon, un alto operario de esta industria, ingeniero del monstruo Anthropic.
De te fabula narratur
From The Blog
Los culpables
Un lector de las ocurrencias de este rincón me pide que me moje en discernir qué partido político ha tenido más culpa en el fracaso de la formación de gobierno y en las la consecuente repetición de las elecciones. La culpa es una noción moral que no opera en política; y la responsabilidad, tampoco. En último extremo, la culpa es de la ciudadanía que ha elegido a estos personajes sobre los que no tiene ningún control.
Cinco idiotas
La renovación de la clase política ha tenido un efecto perverso e inesperado y ha elevado a lo alto de la cucaña a cinco tipos criados en el bienestar y los videojuegos, narcisistas, eufóricos y absortos. Ninguno de los cinco jefes de filas del arco parlamentario han administrado nunca un presupuesto público ni han gobernado a ningún colectivo cívico, ya sea una comunidad de vecinos o un club deportivo de barrio
Política de las emociones
Los partidos que se arrogaron el papel de administrar la voluntad de las masas callejeras de indignados e independentistas han fracasado en su intento. Quizá sea porque las manifestaciones callejeras funcionan cuando son reactivas, es decir, cuando los manifestantes se echan a la calle para impedir que el poder haga algo que les disgusta o que rechazan, y no cuando son proactivas, es decir, destinadas a exigir que el poder haga algo que los manifestantes quieren. Valdría la pena reflexionar sobre esta ocurrencia.