Don Sánchez, político de pocas palabras y resoluciones fulminantes, ha brindado esta mañana un discurso churchilliano en el parlamento, del tipo de lucharemos en las playas, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, ¡no nos rendiremos jamás! El discurso estaba dirigido a las derechas alineadas en formación de asalto al otro lado del canal a las que ha interpelado a lo grande, en nombre de los millones de jóvenes que no pueden independizarse, las familias que viven angustiadas porque no paran de subirles el precio del alquiler, los jubilados que se enfrentan a la vejez con pavor porque no son propietarios de su vivienda, los miles de niños que mañana podrían ver su ropa, su mochila o sus juguetes tirados en la acera porque sus padres han sido desahuciados...

La coalición reaccionaria (pepé + vox), a la que en esta ocasión se ha sumado la incierta milicia puigdemontesa no encuentra la ocasión de librar la batalla definitiva. La impaciencia nunca satisfecha de don Feijóo y la bovina seguridad de don Abascal en que le espera el triunfo para su partido se tornan en impotencia y frustración en cada encontronazo. El felón no solo les ha hecho frente sino que ha intentado desmoralizarlos: olvídense del cálculo político, del argumentario de su partido, de las presiones que les llegan de arriba y piensen en la gente, y en los que más necesitan del amparo de lo público, ha dicho dirigiéndose a los diputados de la derecha en una votación pública por llamamiento. La arenga no ha surtido efecto, claro, la prietas filas de la falange reaccionaria no se han conmovido y los decretos de protección a los inquilinos han sido rechazados, pero ahí queda el fantasma de los condenados sin hogar ¡millones, oh! esperando a las elecciones, que forzosamente están más cerca que ayer, aunque no se sabe cuándo y esta niebla en el horizonte es la que tiene de los nervios a la coalición reaccionaria, singularmente a su diminuto líder. Don Feijóo se siente mortificado, entre otras causas externas e imponderables para él, por su edad.  Tiene sesenta y cinco años y es de largo el pretendiente más provecto habido a la presidencia del gobierno; literalmente, está en la edad de jubilación. ¿Puede un jubilado gobernar en la era de la IA? Cualquier jubilado diría que no. Don Feijóo lo sabe y la certeza despierta en él los rasgos más hirsutos de la vejez: resentimiento, impaciencia, venganza, miedo. Entretanto, las legiones voxianas invaden su territorio y le imponen el discurso en las plazas conquistadas.

Nada puede hacerse para alterar este escenario, así que veámoslo como una leyenda mítica, o para decirlo en la clave dominante, como un videojuego. Atendamos al sesgo de la historia y valoremos el poder del héroe, su sentido de la oportunidad y su determinación para la respuesta. Los sondeos demoscópicos, el último vestigio de la racionalidad, tal como la hemos entendido hasta ayer, anuncian la victoria electoral de la coalición reaccionaria, lo que no es improbable a la vista de la ola que recorre Europa. Pero es una victoria por la mínima; la sociedad no se resigna a dejar en manos de los nuevos bárbaros el patrimonio común construido con gran sacrificio durante décadas. La propaganda atronadora del me gusta la fruta y el juez Peinado, sumada a los nuevos artilugios de formación de la opinión a través de las redes sociales, harán su trabajo pero no es fácil que alteren la experiencia real de la gente, que vota por lo que sabe y quiere. Solo falta que detrás de este churchill haya un espacio político estructurado que mueva a refrendar en las urnas su discurso. Y eso está por ver.

(La imagen que encabeza el comentario se ha publicado en la web Quo)