¡A qué negarlo! Los vejetes estamos encantados con la derrota electoral del loco del pelo naranja. Sin embargo, la euforia está contraindicada en la edad tardía por el riesgo cardiovascular, y no hablemos de la tentación de bailar una jota aragonesa de efectos letales en nuestras azacaneadas articulaciones óseas. Así que hemos de encontrar un modo más sedentario de expresar nuestro júbilo por el acontecimiento y la tímida esperanza que trae consigo, y don Feijóo, el presidente del gobierno imaginario y errante, siempre da motivo para estas distracciones. Don Feijóo debería dar miedo pero da risa. Una de sus virtudes innegables es la capacidad para reducir la carga radiactiva del discurso público mediante una pata de banco argumental para solaz de los fabricantes de memes. El equivalente analógico del meme es la chanza y he aquí que nuestro héroe no ha perdido la ocasión de prestarse a ella.
Cuando aún no se había disuelto la tensión y el estrés provocado por la tragedia de Urda, los desaparecidos aún no habían sido identificados y los hierros retorcidos de los trenes permanecían en el lugar, don Feióo se presentó como gestor porque España no se arregla con frivolidad ni tampoco con bravuconadas.Gestor debió parecerle un atributo serio e incontestable en esta circunstancia de estupor y aflicción pero, as usual, el patoso se metió en la ciénaga de un campo semántico del que puede extraerse cualquier significado menos serio e incontestable.
Gestor es el que administra, organiza y dirige el funcionamiento de un organismo o empresa. Es un adjetivo neutro porque no marca si las acciones que ejecuta el gestor son buenas o malas, acertadas o equivocadas. No basta poner cara de palo para dotar de eficacia las labores de un gestor. El étimo de esta palabra es el verbo latino gero, gerere, gessi, gestum, que se traduce como llevar, hacer o administrar. De este verbo procede la palabra gesto, que en castellano significa movimiento del cuerpo, en sí mismo una acción vacía de significado cuyo superlativo es gesticulación, término que define afición por lo escénico e inseguridad en sí mismo. Así que aquí tenemos a don Feijóo gesticulando en el escenario de un pavoroso hecho real para fingir que no tuvo que ver con otro desastre anterior (descarrilamiento de Angrois, 2013, 80 fallecidos) del que se lavó las manos y salió de rositas. Pero el verbo gerere no ha agotado su manantial semántico y de su acepción de llevar o portar se deriva el adjetivo gestatorio, dícese el que hay que llevar en brazos o en andas. En efecto, don Feijóo es un candidato gestatorio porque aspira a alcanzar la poltrona en la sillita de la reina portado por los musculosos brazos de los neofascistas voxianos. Para no entretenernos más en otros primos lingüísticos de gestor, como digestión, congestión y gestación, que, como poco, aluden a dolorosos desarreglos del organismo.
Hay dos modelos de tonto peligroso en política. El estrambótico cuya derrota celebramos estos días y el fingido que, con mala suerte, entronizaremos en las urnas el próximo 29N.