Treinta y cuatro franceses torturados y, luego, asesinados en Vincennes; he aquí unas palabras que no nos dicen nada si no las suple la imaginación. Y ¿qué ve la imaginación? A dos hombres cara a cara; uno se dispone a arrancarle las uñas al otro, que lo está mirando. (Albert Camus, La noche de la verdad)
Una noticia de estos días nos devuelve a los días del asco y el espanto. La muerte de Mikel Zabaltza a manos de sus torturadores era una evidencia desde el momento en que se encontró su cuerpo en las aguas del río Bidasoa, a pesar de la campaña oficial de ocultamiento que lo presentó como un preso fugado en el curso de una investigación y ahogado cuando huía. Esta versión fue difundida en un triste reportaje de la televisión pública. Dos escenas de aquellos días han permanecido imborrables en la memoria.
En la primera, el autor de estas líneas y el fotógrafo Santos Mena han acudido a donde horas antes se había encontrado el cuerpo de Mikel, bajo el túnel de Endarlatsa; es una tarde plomiza y en el lugar encuentran al abogado Íñigo Iruin recogiendo muestras del agua para cotejarlas con las que puedan encontrarse en la autopsia del cuerpo. La segunda escena ocurre por la noche, quizá al día siguiente, ante el edificio de la morgue del hospital provincial a donde han llevado el cuerpo. El lugar está poblado de sombras: familiares o amigos de la víctima, autoridades, periodistas, policías y guardias civiles de mirada recelosa. Eva Forest ha traído a una forense holandesa, dicen que experta en lesiones por tortura; es una muchacha joven, bajita, rubia, que se arropa con una kuffiya palestina. Quien esto escribe pensó al verla que parecía caperucita en medio de lobos. Entre las sombras de aquella noche está Luis Roldán, a la sazón delegado del gobierno en la provincia, que musita a una periodista amiga: esto lo han hecho los de Intxaurrondo. No era una declaración, ni una confidencia sino, cómo decirlo, un repentino impulso exculpatorio, que por supuesto no se publicó pero se instaló en la memoria de quien lo había oído. Más tarde, Luis Roldán adquiriría fama por otras razones.
El caso Zabaltza fue dando tumbos por los juzgados durante años sin que disminuyera un ápice el sentimiento de injusticia no reparada de aquel acto de barbarie. Lo que ocurrió en aquellas horas en el cuartel de Intxaurrondo ha sido contado por Ion Arretxe, detenido en la misma redada. Ahora se ha hecho pública la grabación de una conversación entre uno de los torturadores y un espía del gobierno, que establece lo que era obvio. La grabación no es novedosa, fue presentada en una de las vistas del proceso, en la que el tribunal la consideró no probatoria. La grabación ofrece dos detalles horripilantes. Mikel murió cuando era sometido a ahogamiento con una bolsa sobre la cabeza. Lo que necesitábamos imaginar, y nos cuenta la grabación, es que la bolsa tiene que ser transparente para que el torturado vea en la sonrisa de los torturadores la vida que se le escapa. Dos hombres cara a cara, uno se dispone a destrozar al otro, que lo está mirando, como escribe Albert Camus. El segundo detalle, que nos lleva a un país en estado de ocupación militar, se refiere al asesinato de Lasa y Zabala, también contenido en las confidencias del torturador al espía: les obligaron a cavar el agujero antes de matarlos de dos tiros en la cabeza.
Estos días se ha hablado de las zonas de sombra del golpe del 23F y, como consecuencia, de la necesidad de desclasificar los archivos de la época, cuyo secreto protege la ley española sine die, haciendo de nuestra historia un armario lleno de cadáveres en descomposición y de nuestra conciencia un nido de sospecha y rencor. La desclasificación incluiría los archivos referidos a la guerra sucia contra el terrorismo. Creo que se lo debemos a nuestros hijos. Pesoe y pepé, los dos pilares del sistema, están en condiciones óptimas de establecer una línea divisoria con el pasado de sus propias formaciones, a las que no deben más lealtad que la compatible con las exigencias del presente, y lo mismo puede decirse del rey respecto a su padre. Por una vez, quién sabe, tal vez el país podría reiniciar su andadura mirando al futuro y no a las hipotecas del pasado.