No hay día en que un acontecimiento, al menos, no te sumerja en una suerte de perplejidad que bloquea la respuesta de la razón y deja en suspenso cualquier reacción emotiva. ¿Qué hacer?, ¿argumentar, ironizar,  encolerizarse, bromear o simplemente olvidar el asunto tan pronto como se pueda para recuperar cierta tranquilidad interior?  El rejonazo de hoy es la desenfadada tertulia digital de un centenar y pico de policías municipales de Madrid en la que un grupito de ellos se complacía en verter expresiones de odio contra la ex alcaldesa de la capital y los inmigrantes, amén de elogios a Hitler, en un lenguaje tabernario en el que el matonismo verbal parecía tener una función competitiva y los más osados hacían ejercicios de estilo hasta llegar a cimas de una plasticidad espeluznante, como la que propone incrustar a martillazos casquillos vacíos en la nuca de los inmigrantes. Doy fe de que esta ocurrencia la leí, tal cual, hace más de medio siglo en una novela de quiosco de Sven Hassel, un autor exitoso en aquella época que relataba las aventuras de un puñado de sádicos de un batallón de castigo del ejército nazi en el frente ruso. ¿Quién iba a decirme que volvería a encontrar  la fórmula criminal en una tertulia corporativa de funcionarios armados en la placidez de nuestra democracia?

Las vilezas operan como el aceite e impregnan todo lo que tocan. La primera institución manchada por este contubernio de matones es la propia policía municipal de Madrid, a la que ha seguido en la aceitosa huella la judicatura que archivó la causa al considerar que los comentarios –vaya manera de decirlo- denunciados se hicieron en un ámbito privado (en el que tenían participación, activa o pasiva, un centenar y pico de funcionarios con una pistola al cinto). Por último, esta decisión judicial favorable ha llevado al nuevo ayuntamiento de Madrid a archivar el expediente disciplinario, reponer en sus funciones a los policías encausados, que estaban suspendidos, y cerrar el caso sin sanción alguna. Podemos imaginar las consecuencias que hubiera tenido un asunto análogo si los autores fueran empleados de una empresa privada y hubieran estampado sus brutales desahogos en el tablón de anuncios. Sin embargo, para los funcionarios armados, la única consecuencia han sido unas vacaciones de varios meses mientras estuvo abierto el expediente informativo. Es imposible no relacionar este final con la llegada de la extrema derecha al gobierno municipal de Madrid. El sesgo ideológico que destilan los mensajes objeto de la causa archivada no deja lugar a dudas y quién sabe si alguno de estos matones no estará llamado a más altos servicios en el organigrama policial de la capital. Mal asunto.