Ahí están los pares de la asamblea cubileteando el reparto de cargos y carguetes mientras sorben el té de sus tazas de porcelana y fingen ignorar que en el círculo está sentado un gorila. Unos y otros lo miran de reojo con la esperanza de que se comporte, no se le ocurra intervenir en la sesuda reunión, se abstenga de votar y acate el resultado sin soltar ni un gruñido, ya no digamos unas palabras articuladas. Es un caso flagrante de discriminación por razón de raza o de lo que sea porque el gorila, populista, abertzale o como se llame, se ha presentado a las elecciones, sus votantes tienen los mismos derechos que los de los demás y su programa de gobierno es por lo menos tan convincente como el de cualquier otro, porque de lo contrario no lo hubieran votado. En resumen, su presencia en la asamblea es completamente legítima y legal. De hecho, no es un gorila excepto en las fantasías de los demás contertulios, que van de remilgados con el estiloso pretexto de que han establecido una línea roja a su alrededor. La mala noticia es que el voto del gorila es decisivo para el resultado de la asamblea y la asignación de la poltrona a uno u otro aspirante.

Es el dilema del capitidisminuído partido socialista de esta remota provincia subpirenaica, que necesita el voto del gorila llamado bildu para obtener la presidencia regional pero se niega a dar el suyo para que, en justa correspondencia, el gorila obtenga la alcaldía de la capital (que, por cierto ha ejercido durante la pasada legislatura sin mayores quejas). La pretensión de los exquisitos es que el gorila se abstenga exquisitamente a favor de su candidato y demuestre así que no es un gorila. Pedir la abstención a cambio de nada a un partido político que se ha presentado y ha sido votado justamente para participar y no abstenerse en la cosa pública es una ocurrencia solo imaginable en el anémico partido de los socialistas subpirenaicos.

El resultado de estos remilgos es que gobernará la derecha, que acepta que el gorila es de su misma especie y no duda en interactuar con él, compartir el cuarto de juegos y reírle las gracias, como ha ocurrido en  Andalucía, donde el gorila es mucho más corpulento y peligroso que aquí y donde los (falsamente) escrupulosos liberales naranjos se han sumado a sus gracietas antifeminististas, homófobas, xenófobas y profascistas. Uy, el escándalo ha llegado hasta las páginas de Le Monde.

P.S. Liberales y socialistas, y lectores de Le Monde, deberían hacer algo mejor que aspavientos y morisquetas ante esta nueva situación, que ya tiene dimensión europea. Por ejemplo, acercar la mirada y el oído al borbor de la calle, diseñar un proyecto político inclusivo, justo y atrayente, plasmarlo en un programa creíble y llevarlo a efecto, dejándose, los liberales, de que su empeño prioritario sea defender los intereses de los ricos, y los socialistas, de creer que su mera presencia en el gobierno es suficiente para apaciguar la selva.