Vuelta a la errancia de esta bitácora, y qué mejor para reiniciar el camino que la obra de Quirón. Hasta hace unas semanas, nadie hubiera podido afirmar que no se trataba de una empresa infinitamente inacabada, una obra en marcha perpetua de la que se ha olvidado dónde está su origen y se desconoce su improbable término, pero ya parece que Quirón ha aceptado el destino de su trabajo y le ha puesto punto final. Algunas copias del primoroso original han sido dadas a conocer a amigos, editores y gentes de criterio con el propósito de que llegue a ocupar un lugar en la biblioteca universal. No sabemos si por fin la industria del libro la considerará apta para la recluta en un catálogo.  Es uno de los encantos de este por ahora nonato libro, su carácter de un trabajo en estado puro, que encuentra su valor en la sabiduría, el tesón y el cuidado que le ha dedicado el autor, y no tanto en la utilidad que quieran atribuirle los operadores del mercado.

Hablamos de una antología bilingüe de poesía medieval latina a la que Quirón ha puesto el evocador título de Tales versus facio, quale vinum bibo (Como el vino que bebo son los versos que escribo), que da noticia, no solo del contenido objetivo del libro sino del carácter del autor, una aleación de rigor erudito, empeño en el trabajo bien acabado y finura estética. Quirón, que ahora pasa sus días como traductor jubilado, su profesión principal, ha desempeñado algunos otros oficios desde su infancia en Casa Machena de Lumbier, monje benedictino, organista y maestro de coro, obrero en una cadena de montaje, maquetista de proyectos arquitectónicos, profesor de lenguas clásicas, y la huella de estos avatares está presente, destilada en el libro: el amor por el lenguaje, la añoranza de una vida sencilla y amable y el gusto por la precisión y funcionalidad de toda clase de artefactos, ya pertenezcan al ámbito de lo real o lo simbólico. Para decirlo en breve, Quirón es un artesano de inagotable curiosidad y cultura que no puede dejar que pase un día sin sentir bajo sus pies el contacto de la tierra a la que rinde culto con largos paseos por el campo. Al lector de Tales versus facio le es dado compartir este reino de experiencias intemporales sobre el amor y el abandono, el paso de las estaciones, la fe y la increencia, la comida y la bebida, la juventud y la vejez, vertidas al romance con depurada elegancia, bien abrigadas por notas e índices de factura académica e iluminadas evocadoramente con estampas de época.  

Para curiosos e inquisidores, aclaremos que el personaje que funge como Quirón en este sitio es José Luis Gil-Aristu (58.300 menciones en Google), filólogo y traductor en al menos cinco lenguas, entre ellas latín y griego clásicos, de más de doscientos libros y más de mil artículos de todas las materias imaginables. El proyecto de esta antología de poesía medieval latina le asaltó cuando terminaba los estudios de licenciatura y lo ha madurado durante casi cuarenta años.

(En la imagen, una página de Tales versus facio, quale vinum bibo)