Si hay unos versos en la poesía española manoseados, repetidos y manipulados hasta el hartazgo en discursos públicos de toda laya son los del poema de Antonio Machado sobre las dos españas. La última vez que un orador los trajo a la palestra, en versión libérrima, fue el otro día en el discurso real por el cuadragésimo aniversario de las elecciones democráticas que entronizaron nuestro actual régimen de monarquía parlamentaria. Estos versos suelen enunciarse en un tono admonitorio, aflictivo, como de quien alude a un abismo abierto a nuestros pies y en el que podemos despeñarnos si nos dejamos llevar por nuestro mal carácter y nuestra, presunta, vocación cainita. Los versos se han convertido en una jaculatoria. Machado, republicano, socialista, formó parte del inmenso éxodo de los vencidos al término de la guerra civil y pareció esperar a dar un paso más allá de la frontera española para morir, como si su naturaleza hubiera reunido las últimas fuerzas para no yacer en el campo ensangrentado de las dos españas. La metáfora viene a ocupar el lugar de los hechos históricos y la leyenda orienta el sentido en que se interpretan los versos, según la cual lo que mató a Machado no fueron las consecuencias de un golpe de estado fascista y la increíble crueldad de sus perpetradores sino el conflicto de las dos españas, que hay que evitar a toda costa, lo que en buena medida significa no ver, no oír, no hablar. Todas las naciones construyen sus mitologías y en la nuestra a Machado se la ha dado el papel que en otros lugares y tiempos tuvieron Casandra, Jeremías o Juan el Bautista. Lo cierto es que esta cansina interpretación de los versos de  Machado no se sostiene con una simple lectura del poemilla, contenido en la sección de proverbios y cantares de su libro Campos de Castilla, que escribió  entre 1907 y 1917 y que literalmente reza así: Ya hay un español que quiere / vivir y a vivir empieza, / entre una España que muere / y otra España que bosteza. / Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón. Como se desprende de una mera lectura que no sea malintencionada o perezosa, las famosas dos españas no aluden ni representan a rojos y azules, como pesadamente se empeñan en hacernos creer los recitadores de ocasión, sino a una única españa, en la que unos mueren, de hambre, de frío, de desempleo, de falta de oportunidades, y otros bostezan, ahítos, indiferentes, codiciosos, perezosos. Las dos españas son la gente y la casta, para decirlo en la jerga podemita. Machado miró de frente a la realidad. El español que viene al mundo no tiene alternativa. Lo hará en uno de los dos estratos sociales  –el que muere y el que bosteza- de una misma realidad y, sea cual sea el que le toque en suerte, ha de helarle el corazón. Es un mensaje radical y revolucionario.