-
Los robots añoran la retórica
El universo de la iaaa que podemos imaginar es una brumosa guerra entre drones y humanos. Los de arriba son aves predadoras en busca de objetivos y los de abajo, seres despavoridos en busca de refugio. La ‘iaaa’ necesita armarse de recursos persuasivos, tanto para parecer respetable como para distraer la atención de la presa.
-
Una bomba en la puerta de casa
El paquete explosivo timbrado en la oficina de correos se ha convertido en un misil con cabezas nucleares buscando el objetivo desde el cielo y un anemómetro guiado por inteligencia artificial determina quién es y quién no terrorista en un momento dado.
-
El baile de don Vito y el penúltimo vals
A la violencia verbal que empapa a una parte de la sociedad, y hace incluso gala de ello, sigue la violencia gestual de don Vito: asalto, coacción física y acusación inquisitorial a la víctima, todo en un misma acción ampliamente difundida por las redes sociales como una invitación a repetir el patrón en otras circunstancias y con otras víctimas, a elección del voluntario de la causa. ¿Cuál es el paso siguiente?
De te fabula narratur
From The Blog
Flechas y pelayos
La ley de educación, por naturaleza, debe mirar al futuro pero entre nosotros no consigue arrancar del barrizal de pasado. El vaivén de las ocho ¡¡ocho!! leyes de educación que ha registrado el periodo democrático no se debe a la demanda de más recursos, más racionalidad en los currículos y más atención a la variedad y a la investigación sino al estatus de los centros concertados de la iglesia y a la enseñanza de la religión.
Una buena lectura de otoño
La gente a la que quieres está como tú o peor, flotando en su propia órbita, quizá tan cerca como a la vuelta de la esquina pero en todo caso muy lejos en la atmósfera tóxica que nos envuelve. Y en estas, llega una señal reconocible, el último libro del amigo José María Conget, una gavilla de cuentos bajo el título Juegos de niñas.
La nueva generación
Pedro Sánchez es el más felipista de los políticos españoles en activo y su objetivo, como el de su ancestro, es ganar la hegemonía política y ocupar el centro del tablero. Pero en esta ocasión para llegar al mismo sitio que en 1982 es forzosamente otra.