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Los robots añoran la retórica
El universo de la iaaa que podemos imaginar es una brumosa guerra entre drones y humanos. Los de arriba son aves predadoras en busca de objetivos y los de abajo, seres despavoridos en busca de refugio. La ‘iaaa’ necesita armarse de recursos persuasivos, tanto para parecer respetable como para distraer la atención de la presa.
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Una bomba en la puerta de casa
El paquete explosivo timbrado en la oficina de correos se ha convertido en un misil con cabezas nucleares buscando el objetivo desde el cielo y un anemómetro guiado por inteligencia artificial determina quién es y quién no terrorista en un momento dado.
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El baile de don Vito y el penúltimo vals
A la violencia verbal que empapa a una parte de la sociedad, y hace incluso gala de ello, sigue la violencia gestual de don Vito: asalto, coacción física y acusación inquisitorial a la víctima, todo en un misma acción ampliamente difundida por las redes sociales como una invitación a repetir el patrón en otras circunstancias y con otras víctimas, a elección del voluntario de la causa. ¿Cuál es el paso siguiente?
De te fabula narratur
From The Blog
Almodóvar y el espíritu de la transición
‘Madres paralelas’ es sin duda un manifiesto político en el que se funden, en dos discursos argumentales entrelazados y envueltos en compasión, la defensa de la libertad, la que anida en el cuerpo y en los sentimientos, siempre azarosa y contradictoria, y una vindicación de quienes fueron asesinados para acabar con ella. Carne y huesos, presente y pasado, atados por lazos indestructibles.
Daria entre dos mundos
Las ficciones deben contar historias interesantes y probablemente no hay en este momento nada más digno de interés que la migración. La peripecia de los migrantes está transformando el occidente europeo y poniendo a prueba a sus sociedades acomodaticias y ensimismadas. Sin duda, la migración va a ser una fuente de buena literatura y la novela de Yakovenko diríase que es una prometedora y muy apreciable avanzadilla.
Literatos con faldas y a lo loco
Este año tocaba premiar una novela negra escrita por una mujer y a los editores les pareció de perillas que la beneficiaria fuera una tal Carmen Mola, autora de una trilogía del género que ha registrado un espectacular éxito de ventas. La sorpresa –alguien debía estar al tanto, supongo- surgió cuando a la recepción del premio se presentó un trío de caballeros que usan ese pseudónimo para sus afortunadas obras en comandita.