Trescientos es un cardinal mítico. Es el número de hoplitas espartanos que, según Heródoto, hicieron frente a los ejércitos del persa Jerjes en el paso de las Termópilas. Quizá algún estratega del pesoe tuviera en la cabeza esta hazaña bélica cuando se decidió que serían trescientas y no otro número las propuestas que habrían de presentarse al pueblo soberano en defensa del progreso y todo lo demás.
La tercera vía
Llama la atención el empleo del sintagma ‘tercera vía’, que debiera estar proscrito en el vocabulario socialdemócrata. Tercera vía es un tópico sin sustancia alguna acuñado que constituyó el banderín de enganche con el que ganó las elecciones Tony Blair y que a la postre ha arrasatrado a los socialdemócratas al abismo.
El arribista y el césar
El césar es el guardián (en funciones) del poder establecido y quiere destruirlo con la misma determinación con que el arribista quiere ocupar el sillón del césar. Esta es la tragedia shakespeariana, en versión de teatrillo para escolares de primaria, que tiene como rehenes a once millones doscientos mil votantes de izquierda.
Una oferta que no podrá rechazar
Y ahí están don Sánchez y don Iglesias, dos seres mitológicos, envuelto cada uno en su propio relato, como se dice ahora, devorando la paciencia de sus votantes y practicando una tomadura de pelo que dejará efectos duraderos y una memoria imborrable.
La siesta
¿Dónde está don Sánchez? Algún asesor ha debido informarle de que en agosto el mundo da vueltas sin necesidad de que él lo impulse y ha buscado la sombra de un árbol para echar la siesta y se ha ido a Doñana, el Buen Retiro de los presidentes socialistas, que excita a los cotillas de la derecha para demostrar que la izquierda tiene gustos principescos. Ni el atronador gemido de los náufragos del Mediterráneo ha conseguido alterar la augusta siesta del presidente.