Don Felipe y don Sánchez están en el comienzo de una hermosa amistad, que diría el guión de Casablanca y que tiene precedente en los inmediatos ancestros de ambos. El pesoe se prepara para atravesar un proceloso periodo histórico habitado, entre otras tentaciones fatales, por los cantos de las sirenas republicanas.
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La pregunta sería, ¿qué institución política, civil, religiosa o meramente recreativa de este país no se ha visto afrentada y ridiculizada por ‘la incurable y criminal falta de seriedad’ de don Juan Carlos de Borbón?
República de verano
La pandemia, y la crisis económica que trae consigo, cumplen una función ambigua. De una parte, redoblan los motivos para el malestar y la depresión colectiva; de otra, ayudan a establecer las prioridades y a salvar los muebles. En un país tan improvisado y afecto a las chapuzas, una catástrofe, sea interna o externa, ayuda a apuntalar el edificio y tirar pa’lante durante el siguiente trecho. Somos destartalados, pero muy resistentes.
El tiempo ido
El vagido de R. en la tele impresionaba como una psicofonía de ultratumba, y tanto más si se advierte que la oscuridad de la que procede es la de tu época y circunstancia. De la fraternidad con los parias de la tierra a la complicidad con un rey trincón. Joder, ¿quién dice que la historia es un relato lineal?
Toreo de salón
Don Sánchez trataba, con éxito en mi opinión, de que las aventuras del rey trashumante no opacaran los méritos acumulados por la acción de su gobierno –y de él mismo, ojo- en estos meses de pesadilla.