Lo que distingue a Biden de Trump es que el primero participa en la carrera con el freno de mano echado. Se puede suponer que si las sociedades disfrutaran de un momento de sosiego, Biden y los que son como él ganarían las elecciones, pero los conflictos se suceden sin tregua y la cancha es de los matones.
Provisiones para el búnker
Una fina lluvia de estupor e indignación cae sobre la cabeza de la humanidad televidente que asiste al espectáculo del presidente Trump acaparando todas las reservas mundiales de medicamentos contra la peste, como un niño resentido y mal criado que se lleva el balón que le ha comprado su padre para impedir que jueguen los demás compañeros de colegio.
Iconoclasia
La destrucción de las estatuas es un signo inequívoco de cambio de época histórica. Es el exorcismo contra la maldición que Marx relata en su 18 Brumario: ‘La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos’. El pasado nunca se desvanece del todo y su virus permanece en el bronce o en el mármol. El mensaje de la iconoclasia es inequívoco pero, paradójicamente, deja un vacío a su paso. Nada hay más sorprendente e interrogativo que un pedestal sin estatua: ¿qué debería estar ahí?
El dispensador de matarratas
¿Cómo convencer a un tipo con semejante ego de que es un completo y muy peligroso idiota? La dificultad del empeño es tanto mayor porque ha conseguido reunir toda la estupidez del país para auparle al cargo que ocupa.
Fotos en la red
La tentación de inmortalizarse a uno mismo mediante un selfie en la boca del tigre de Bengala que va a dejarte en los huesos un instante después es irresistible. Lo curioso es que estos documentos gráficos tienen el efecto de fomentar nuestro amor por los tigres y despiertan el apetito de ser devorado por ellos.