-
Divagaciones sobre ocho comentarios
Lo que llamamos Europa es una confederación de estados-nación, cada uno con su historia, su prurito soberanista y sus élites gobernantes descangalladas, lo que quiere decir que el continente carece de un ‘demos’ común e identificable sobre el que asentar la unidad.
-
Las 3K y otras damas de relumbrón
El lema ‘Niños, Cocina, Iglesia’ no cuadra con las mujeres que pilotan hoy el globo neofascista que sobrevuela Europa. Marine Le Pen, Giorgia Meloni y Alice Weidel, por citar a las más notorias, dirigen un conglomerado de fuerzas que va a acabar con la democracia sin que sepamos qué vendrá después.
-
Listas negras, blancas y grises
Por si el ministerio del Interior no tuviera suficientes problemas con su olímpico don Grande Marlaska al frente, se ha revelado la existencia de una lista (54 folios) con fichas de periodistas (280), que incluye, nombre, foto, ideología y grado de afecto o desafecto al gobierno.
De te fabula narratur
From The Blog
Estado de sitio
El escenario es el siguiente: en lo alto de la colina, un presidente elegido en las urnas y blindado por una guardia pretoriana que recela del país y, en el interminable valle que se extiende a sus pies, una multitud anónima cuyos canales de comunicación y socialización están en manos de un puñadito de pijos multimillonarios al frente de las compañías que manejan a su antojo y conveniencia la válvula de expansión y contracción de la opinión pública.
Fuga de cerebros
Un rey de España o un delantero centro del Barça, digamos, necesitan una doble vida en la que estén claramente estancos los deberes públicos y los vicios privados, y la parte que corresponda a Hacienda de cada uno de ellos, porque ambos representan unas banderas y unas instituciones a cuya sombra se acogen multitudes entre los que son mayoría los pobres y resentidos. Pero un youtuber no necesita de estas cautelas.
El ‘efecto Illa’
La pandemia agudiza lo que hay de onírico en la existencia humana. Estamos absortos en la supervivencia que, en estos momentos, depende del capricho de un organismo invisible y por ahora indómito, así que todo lo demás, ‘efecto Illa’ incluido, parece un sueño del que estamos prisioneros, una broma que viene de otro mundo.