Abuso y/o agresión son las palabras del día. Según el diccionario rae, la primera significa: hacer objeto de trato deshonesto a una persona de menor experiencia, fuerza o poder.  Y la segunda, delito consistente en la realización de actos atentatorios contra la libertad sexual de una persona empleando violencia o intimidación. En el código penal, la tipificación de un acto según una u otra palabra, conlleva una notable diferencia en la calificación del delito y en la pena correspondiente. En términos semánticos, sin embargo, las diferencias entre abuso y agresión son interpretables. Las dos palabras denotan una invasión no deseada en el cuerpo y en los derechos sexuales del otro, pero la primera es más blanda, más ¿cómo decirlo? ahormada a los usos sociales, más tolerable. Abuso connota un uso excesivo o inapropiado, deshonesto,  de algo que en principio es lícito, y agresión comporta la existencia de un ataque. Qué duda cabe de que la práctica de sexo en grupo es lícita entre adultos. ¿Hubo violencia? No, solo cierto prevalimiento por razón de número: cinco contra una. No puede decirse que fuera un partido muy equitativo. La audiencia de esta provincia lo ha apreciado así y ha condenado a la partida de matones que se identifican como la manada por abuso y ha descartado que hubiera violencia o intimidación en los hechos porque no se apreciaron golpes, empujones ni desgarros.

Es decir, no hubo violencia ni intimidación porque la víctima, sola en medio de  una fiesta callejera que no conocía, desorientada por cierto grado de ebriedad, introducida con engaño en un espacio angosto y sin salida, rodeada de cinco machos excitados y gritones, desnudada por las manos de uno, amordazada por la mano de otro, tironeada, compelida para que adoptara una determinada postura,  penetrada de todas las formas posibles, permaneció quieta e inerme en la tortura a que la sometieron sus abusadores (que no agresores), algunos de los cuales son reincidentes en esta practica predatoria y acudieron a las fiestas de la ciudad para hacer exactamente lo que hicieron, y hacerlo con la publicidad que dan las redes sociales. Incluso el robo del móvil de la víctima, perpetrado por uno de los abusadores (que no agresores) para mantenerla aislada y dar ocasión a los victimarios de alejarse del lugar, ha sido considerado por el tribunal como un hurto menor y ajeno al delito principal. Para decirlo con la metáfora zoológica inducida por los matones, cinco lobos se echan a la calle en busca de una víctima y el tribunal no aprecia delito mayor porque no consta que se oyeran los balidos de la oveja despedazada.

El juicio de la manada ha sido un juicio sobre el machismo, una de las lacras de nuestra sociedad que produce decenas de víctimas mortales cada año, y sobre las garantías de la libertad y de la seguridad de las mujeres, nuestras compañeras, y el fallo en esta primera instancia no ha estado a la altura de la justicia, ya sea por déficit del código penal o de los magistrados que lo aplican. Y todavía podía haber sido peor: un miembro del tribunal ha emitido un voto particular en el que pide la absolución de los acusados. Los sonidos que emitia la víctima en la grabación del delito juzgado le sugerían placer sexual.