Un momentáneo despunte en el crecimiento del sector turístico saca a la luz las condiciones leoninas en que trabajan las limpiadoras de hotel y hace de las kellys el símbolo de la precarización laboral y de la guerra que el capital tiene emprendida contra la clase obrera. El anuncio oficial con membrete administrativo de una subida de un cuarto de punto en las pensiones levanta en pie de guerra a todos los pensionistas del país. La noticia del otorgamiento fraudulento de un titulillo universitario a una mandamás del partido del gobierno evidencia la mentira de la meritocracia y saca de su amedrentado letargo a la comunidad universitaria y en especial a los estudiantes, quizá el colectivo más apocado e invisible de la sociedad en este cincuentenario de mayo del sesenta y ocho. Datos estadísticos mínimos, sucesos insignificantes que han perforado la gruesa capa de complacencia que parecía cubrir a la sociedad real y han sacudido sus cimientos. Días de inundaciones y desbordamientos en el sistema fluvial. Nunca sabes qué gota colmará el vaso.
La teoría general que ha envuelto las políticas económicas de los últimos años se llama en la jerga académica efecto derrame, teoría del goteo o trickle down effect y es bastante fácil de explicar y de entender. Parte de la evidencia de que la sociedad es una estructura piramidal y los beneficios económicos llegan primero a la parte superior desde la cual gotean hacia las capas inferiores en forma de préstamos, inversiones, salarios, subvenciones y limosnas. Es una teoría mecánica que, para que funcione, exige que todos los factores que conforman la realidad socioeconómica, excepto el flujo del dinero, permanezcan inmóviles y en su sitio, para lo que se instituyen normas como la ley mordaza o la reforma laboral. Esta práctica puede ilustrarse con la imagen de la pirámide de copas de champán, típica de un fiestorro, en la que el líquido vertido sobre la copa que está en el vértice se derrama sobre las demás dispuestas escalonadamente hasta que en la bandeja que soporta el tinglado se forma un charco infecto y maloliente que nadie quiere beber. El contexto festivo de esta política económica comporta derroche y ostentación, a la vez que una opacidad absoluta sobre sus efectos reales, y hay varios modos para su previsible final: que la pirámide de copas se desplome por algún desequilibrio interno, que la desmonten los propios beneficiarios llevándose cada uno su copa consigo o que se acabe el champán. Es entonces cuando se hacen visibles las kellys, que han de limpiar el local.