No somos suecos. En el frío norte, las crisis se manifiestan por sus efectos; en el cálido sur, por su sintomatología. Allá arriba, un torrente de dimisiones y renuncias precede al conocimiento público de los hechos delictivos o simplemente irregulares; aquí abajo, los hechos son tan conspicuos que terminamos por preguntarnos si no serán fruto de nuestra imaginación, y entre tanto todo el mundo permanece impertérrito en su puesto. Los nórdicos caminan sobre el hielo; los meridionales chapoteamos en el barro. Un puñado de miembros de la academia sueca que otorga el nóbel de literatura ha dimitido por un asunto del que hay que llegar a la letra pequeña para entender de qué se trata. En marcaespaña, nos ponen delante de las narices un título oficial groseramente falsificado, lo televisan a todas las horas del día durante semanas y argüimos que hay que esperar a que haya sentencia firme para saber a qué atenernos.

Lo ocurrido en Suecia es más o menos lo siguiente: una miembro de la academia del nóbel está casada con un personaje –fotógrafo y director de teatro- al que dieciocho mujeres han denunciado por acoso sexual. Los cargos no son menores pero lo que ha afectado a la academia sueca es que un grupo de académicos tienen la convicción de que es también el autor de las filtraciones que hacían públicos los nombres de los premiados con el nóbel antes de que fueran oficialmente anunciados. No son, pues, los delitos de depredación sexual, que se juzgarán en su caso, sino la integridad y credibilidad de la academia sueca lo que está en juego. En consecuencia, han debido renunciar también a su cargo en la academia la esposa del acusado y la secretaria perpetua de la institución. Obsérvese la sutil distinción que se establece entre lo que es un presunto delito punible por los tribunales y lo que es un mero comportamiento cívico debido a la institución de la que eres parte y cuya probidad estás obligado a preservar. Igualico que aquí. No todas las rubias son suecas.

Ni siquiera todos los reyes son suecos, aunque presidan una monarquía constitucional. El rey de Suecia ha pedido a los académicos del nóbel que estén a la altura de sus responsabilidades y ha anunciado que considerará la necesidad de modificar los estatutos de la academia, entre otras cosas en lo que se refiere al derecho de renuncia, ya que la norma que rige desde hace doscientos años establece que los académicos lo son a perpetuidad y no se contempla más renuncia que la obligada por la muerte. Nuevos tiempos, nuevos problemas, nuevo talante, nuevas soluciones. Igualico que aquí, cuando el rey más preparado de la historia cargó contra el independentismo catalán, es decir, contra varios millones de ciudadanos, y dijo defender la constitución que nos ha llevado a la sentencia del tribunal de Schleswig-Holstein.