Crónicas agostadas 3

¿Se imaginan lo fastidioso que debe ser tener un superhéroe en tu ciudad? ¿Un tipo que corre a la velocidad de la luz, que se desplaza por encima de las azoteas, que tanto salva a un gatito encaramado a un árbol como evita un terremoto, que va siempre enmascarado y disfrazado de colorines y del que depende nuestro destino? ¿Se imaginan el grado de alienación y de cretinización colectiva que exige tener un vecino así? La principal dificultad de los inventores de superhéroes no reside tanto en atribuirles poderes extraordinarios, que suelen ser obvios, como en imaginar la convivencia con el vecindario. Es en este aspecto en el que es más fácilmente discernible la evolución de estos personajes, desde el pulcro civismo de supermán hasta la oscura personalidad de batman y, entre medio, un sinnúmero de tipos corrientes aquejados de diversas psicopatías que solo consiguen canalizar en su vida social cuando mudan en superhéroes. En los últimos tiempos, estos aparecen en comandita, asociados varios de ellos en la misma historieta y, como las entidades bancarias, celebran reuniones en la cumbre y se fusionan para obtener sinergias y para hacer evidente que constituyen una elite oligárquica, como la que vela por nuestros intereses en el llamado mundo real. Al otro lado del espejo, los supervillanos, como los demonios de la fábula primigenia, también tienen grandes poderes y el atractivo de lo extravagante (curiosamente, los superhéroes representan la normalidad) pero su carácter paródico anuncia su derrota final. Esto nos tranquiliza y nos permite seguir leyendo. Pero los guionistas saben que el intríngulis de sus historias reside en la ambigüedad moral de los contendientes y en el retorcido anudamiento de sus razones para actuar como actúan. ¿Dónde está el bien y dónde el mal?

Viene a cuento esta pregunta porque el efebei ha detenido en Las Vegas a un superhéroe, que actuaba bajo la máscara de MalwareTech (tampoco es un nombre muy original) y que ha resultado ser un chaval de veintitrés años llamado Marcus Hutchins, que en mayo pasado consiguió frenar  el ciberataque masivo WannaCry, que afectó a cientos de miles de redes y ordenadores en un centenar de países, lo que significa que salvó la vida -si no física, sí social y económica- de millones de personas. En el mundillo de los superhéroes Marcus / Malware Tech era un héroe superlativo y ha sido en un congreso de supercibernautas donde le han detenido por la acusación de haber creado a Kronos, un troyano (en realidad, los que estaban dentro del caballo de madera eran los griegos, pero estamos en un mundo especular en el que nadie sabe si está dentro o fuera) destinado a penetrar en las fortalezas informáticas de los bancos. A Marcus Hutchins le ha pasado lo que a Clark Kent cuando se pone el esquijama, que no tiene en cuenta las turbulencias y corrientes térmicas que provoca su vuelo, y lo mismo te levanta el tejado como te abate la antena parabólica, y luego, ¿quién paga el arreglo?